Costos de una eventual importación de carne - Por Ignacio Iriarte (*)

Se dice que en un par de años la Argentina deberá importar carne bovina, pero pensamos que es difícil que eso suceda: hoy, el precio interno mayorista de la carne en Paraguay, Brasil o Uruguay está entre 50 y 70 por ciento por encima del que rige en nuestro país.

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29deAgostode2008a las07:21

Una de las consecuencias del cierre de las exportaciones que está llevando a cabo el Gobierno es el progresivo alejamiento del nivel de precios internos frente al mercado internacional y a nuestros competidores.

Además de la fuerte diferencia de valores de la carne con respecto a cualquier competidor que quiera proveer a nuestro mercado, debe ponderarse que la importación se encarecería además con 35 a 40 por ciento de gravámenes aduaneros, lo que volvería inviable cualquier operación.

En la década de 1990 se llegaron a importar pequeños volúmenes desde Uruguay y Paraguay, en buena medida para termoprocesar y luego vender afuera, pero la carne importada nunca llegó a significar más de 1,5 por ciento del mercado interno.

Fuera del histórico flujo de parrilleros desde el Uruguay, que se trata de un volumen muy reducido, en la Argentina podrían estar interesados en importar carne los procesadores, pero el producto tipo manufactura no sólo ha experimentado un extraordinario aumento de precios a nivel internacional (120 por ciento en dos años), sino que también hay una sobreoferta en el mercado argentino por la brutal liquidación de vientres que se está registrando.

En líneas generales, puede decirse que la carne argentina tiene una protección "natural" por la calidad de la misma frente a la que puedan ofertar en el sofisticado mercado local cualquiera de nuestros competidores.

A eso se suma su bajo precio que, como queda dicho, se aleja cada vez más del mercado internacional.

Incluso, es factible que se esté registrando contrabando de ganado y cortes –hasta medias reses– a los países limítrofes, en función de los menores precios de nuestra hacienda fronteras adentro.

Estancada. Lo que el Gobierno debe saber es que la producción de carne en la Argentina está estancada por segundo año consecutivo en 3,2 millones de toneladas, de las cuales 100 mil son el resultado de "haberse comido el capital" (con la faena de vacas).

Los 3,1 millones de toneladas reales y genuinas suponen una producción de unos 80 kilos anuales por habitante y por año, que aún reduciendo las exportaciones a sólo 350 mil toneladas alcanzarían para consumir internamente unos 70 kilos.

Ese es el techo que tendremos por unos cuantos años más. Y en la medida en que este plan económico mantenga su aspecto actual y se siga promoviendo la demanda interna, todo nuevo aumento de la misma irá a precios, porque oferta no habrá más.

En los últimos dos años, el Gobierno ganó tiempo y evitó mayores presiones inflacionarias recortando la exportación ante cada aumento de la demanda local, pero esa estrategia está próxima a agotarse.

Sería muy difícil ganar terreno en el exigente mercado del Gran Buenos Aires con medias reses de novillos cruzas o novillos pesados de tres años, con un valor de origen de 3,50 a 3,80 dólares por kilo en gancho (más gastos), para competir con nuestra hacienda chica de feedlot (2,30 dólares en gancho) o un novillo pastoril suplementado (2,10 dólares por kilo).

En resumen: la carne importada sería mucho más cara que la local y la calidad que puedan ofertar nuestros socios del Mercosur está muy lejos de lo que demanda nuestro exigente mercado interno.

(*) Analista del mercado ganadero y de carnes.

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