Los "feedlots" pierden 389 pesos por cabeza

Si se computan las compensaciones, el quebranto baja a 182 pesos, según la cámara de productores.

21deNoviembrede2008a las07:08

Buenos Aires. Con un piso de encierre para este año cercano a los cinco millones de cabezas y un consumo de 3,6 millones de toneladas de maíz, los engordes a corral se consolidan como un eslabón pesado dentro de la cadena ganadera nacional.

"Desde el punto de vista estructural, el sector está sano, se profesionalizó y tiene paquetes tecnológicos acordes para ser más eficiente", destacó Juan Carlos Eiras, presidente de la Cámara Argentina de Engordadores de Hacienda Vacuna, durante la presentación de un informe institucional que, a la vez, alude a la compleja situación de la actividad, relacionada con la caída de los precios ganaderos.

Las compensaciones del Gobierno, pensadas para atenuar las subas de las commodities y la inflación interna, no permiten sin embargo ahora frenar ese retroceso y el quebranto de los productores.

Según los números aportados por la Cámara (ver cuadro), el resultado de un engorde a corral de un animal liviano para el consumo arroja durante este mes una pérdida de 389,5 pesos (sin incluir el IVA) que, con las compensaciones oficiales, dejaron igualmente un quebranto de 182,81 pesos por cabeza. Según los productores, mientras los ganaderos reciben hoy 1,2-1,3 pesos por kilo vivo por debajo de los precios de referencia, el escalón del frigorífico-abastecedor "está en los márgenes normales" y los minoristas (carniceros, supermercados) obtienen ganancias entre 500 y 700 pesos por cabeza.

En diálogo con La Voz del Campo , Eiras se refirió a la coyuntura y las perspectivas de la actividad.

–¿Cómo califican esta retracción de los precios y para cuándo esperan una recuperación?

–El diagnóstico es que la baja está sobreactuada (alude en particular a la merma en el valor de los cueros y del "recupero" de los frigoríficos) y va a haber un rebote porque el quebranto es muy difícil de asumir en las empresas que estamos en la actividad. Se va a reducir el nivel de encierre y el rebote va a venir; el cuándo en este país es muy complicado. Creemos que seguramente febrero va a ser ya un mes de precios diferentes. En un escenario de otros años hubiésemos pensado que diciembre iba a tener una recuperación; hoy lo que vivimos en noviembre está tan deprimido que creemos que tenemos un trimestre todavía muy complicado por delante en cuanto a precios.

–¿En qué medida esta situación condiciona las inversiones del sector?

–Los golpes como estos frenan los proyectos de inversión. La capacidad instalada ya está y las empresas que están han apostado demasiado, con lo cual pueden desacelerar, pero no paran. Ahora, a los proyectos de ampliación como a los nuevos se le pone una luz de alerta. Para ponerlo en orden, diría que los proyectos nuevos paran más que los que ya estamos, porque el que ya está y tiene proyectos de ampliar o agregar corrales sigue con alguna inercia. El proyecto nuevo, ante esta situación, pone el pie en el freno y se para; eso no es bueno.

–El año comenzó con buenas perspectivas, pero después se complicó.

--En los primeros dos meses de 2008, junto con los cuatro últimos del año pasado, la ganadería había encontrado un nuevo rumbo, donde el criador se complementaba con nosotros y con aquel invernador de la isla, y alguna invernada marginal que quedaba; la ganadería tenía un año de protagonismo. Pero a partir del escenario de marzo, primero por el conflicto y por el cierre de la exportación, y después con este derrumbe, complicaron la ecuación. Hoy realmente hay pocas cosas más desgraciadas desde el punto de vista del negocio que ser poseedor de una vaca.

–En cuanto a las relaciones de precios, hubo valores importantes para la terminación y también para el criador, y después todo cambió.

–Teníamos 3,8

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