La leche entra en calor

Alejandro Castillo, un ex Inta que trabaja en la Universidad de California, cuenta qué viene a nivel global.

26deSeptiembrede2009a las08:22

El argentino Alejandro Castillo es famoso entre los trabajadores de los tambos en California, el estado lechero más importante de los EE.UU.. Da consejos técnicos por radio, en español, a los tamberos y peones, en su mayoría mexicanos, que lo escuchan mientras trabajan. Luego lo reconocen cuando va a los establecimientos por el trabajo que lo trajo hasta aquí, desde la Rafaela que ama con todo su corazón: hace extensión para la Universidad de California, en su sede de Merced, en el rico Valle de San Joaquín.

Castillo es un reconocido experto en nitrógeno, y aquí su labor tiene mucho que ver con la gran preocupación que existe por los temas ambientales en el Estado, dentro de los cuales el nitrógeno tiene un rol muy importante. En Argentina, fue jefe del Departamento del Extensión Animal del Inta Rafaela, la oficina de extensión en lechería más importante del país.

Es el hombre justo para entender qué pasa en la lechería de California (la más importante del principal país productor del leche del mundo), y la del resto del planeta, incluyendo la Argentina.

"En todos los países del mundo se produjo una concentración del número de tambos en las últimas décadas, que se acentuó con el inicio del proceso de estabulado, a principios de los 80. En 1950 había en California 4.000 tambos y ahora hay 2.200. Acá el achique tuvo que ver con el avance de las áreas destinadas a las uvas y las almendras", explica Castillo en la austera oficina en la que trabaja, en Merced, ante la visita de un grupo de argentinos organizada por las empresas Forratec, de Argentina, y Dairyland, de EE.UU.

"En la Argentina se está dando un proceso similar, aunque con la soja. Estamos viviendo lo mismo que pasó acá hace 30 años", describe. "Y yo creo que eso es muy bueno", se juega.

La agencia de protección animal de los EE.UU., está poniendo mucha presión a los productores, y hay cada vez más preocupación por el confort animal y la protección del medio ambiente. En esa línea, Castillo muestra que un trabajo presentado recientemente aquí revela que muchas cabezas produciendo pocos litros cada una contaminan más que menos cabezas produciendo más litros. "Los establecimientos nuevos no se pueden instalar si están a menos de 5 kilómetros de una casa. En realidad, hoy es casi imposible poner un tambo en California. Yo diría que el que quiere venir a poner uno acá está loco", asegura.

California produjo en 2007 casi 20.000 millones de litros de leche, el doble que la Argentina. Y en los últimos 10 años desplazó a Wisconsin como principal estado productor, aunque en 2008 volvieron a estar parejos. Es el 24% de la producción de los EEUU.

Castillo no es el único experto en lechería argentino que ha emigrado. Otro es un amigo suyo, Ronaldo Vidal, ahora asesor en Nueva Zelandia, a quien cita para plantear cómo puede ser el negocio lechero del futuro. "Yo creo, siguiéndolo a él, que será un negocio de nichos. No más leche en polvo. Como, por ejemplo, el caso de los neocelandeses, que descubrieron que a los viejitos chinos les gusta tomarse un vaso de leche antes de irse a dormir, y ahora hacen un producto específico para esa necesidad", describe.

La crisis de la lechería es global. No es un patrimonio único de la Argentina. Es cierto. Aquí, en este Valle de San Joaquín que es considerado por muchos como la región más importante del mundo para la producción de alimentos (el llamado "Valle Central", en California), el litro de leche pasó de valer 40 centavos de dólar en febrero a 20 en la actualidad.

A la crisis mundial se sumó el aumento del costo del agua para riego, el insumo clave en la zona (un desierto convertido en vergel por 150 diques y miles de canales de riego), porque hubo menos nieve en las montañas que alimentan los canales. La suba h

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