Efectos que no son neutrales

La caída de la inversión en el campo tiene dos consecuencias: una, en el corto plazo, y otra, en el mediano.

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13deOctubrede2009a las07:14

En lo inmediato, que los productores gasten menos en la siembra significa que la actividad económica del interior se reduce. Pese a las críticas que la Presidenta había formulado contra la soja durante el conflicto con el campo el año pasado, el resultado es que los productores siguen optando por el "yuyo", porque es el cultivo que requiere menor inversión y tiene menos trabas del Gobierno para su comercialización. Hace falta menos cantidad de camiones para transportar fertilizantes, herbicidas o gasoil, por ejemplo. Es un escenario en el que pierden desde el camionero hasta el que atiende una parrilla al costado de las rutas. Y también se preocupan los comerciantes de los pueblos, porque el chacarero se cuida de sacar plata de su bolsillo para cambiar la camioneta o pintar la casa.

Estos efectos son un reflejo de que el campo está lejos de ser considerado una mera actividad primaria, sino que, como han venido demostrando diversos estudios económicos desde hace 50 años (Ray Goldberg, de la Universidad de Harvard, entre otros) , es una cadena de producción que transforma las materias primas, con ramificaciones en el comercio y en las actividades industriales.

La segunda consecuencia de la caída en la inversión tiene un efecto sobre el medio ambiente. Si se consume poco más de un millón de toneladas menos de fertilizantes que en la campaña pasada, significa que la reposición de nutrientes en los suelos es inferior a la necesaria.

De la misma forma, que siga aumentando el área sembrada con soja y no haya rotación con otros cultivos -como el maíz, por ejemplo-, también afecta la calidad de los suelos.

Según un trabajo que está elaborando la Fundación Producir Conservando, la proporción del área sembrada entre oleaginosas y cereales (trigo y maíz) en esta campaña es de un 75 por ciento en favor de la soja, la más alta que se recuerde en la historia agrícola argentina.

En el caso del trigo, por ejemplo, por decisión del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, desde hace tres años no hay puja en el mercado entre exportadores e industriales molineros para pagar un mayor precio por el cereal, lo que termina planchando los precios. Esta intervención se tradujo en una transferencia de hasta 50 dólares por tonelada de trigo por parte de los productores hacia los exportadores e industriales molineros. La respuesta del campo a la injerencia oficial es que en esta campaña se cosecharían unos ocho millones de toneladas de trigo, la mitad de hace dos años.

Pese a los números negativos, el Gobierno puede llegar a tener a su Martín Palermo en el campo. Según los climatólogos, este será un año "Niño", es decir, con más lluvias que lo habitual. En el último minuto, es posible que llegue el agua salvadora.

Cristian Mira.

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