Un intento fallido

El proyecto de ley que no pudo avanzar en el Congreso no estaba mal orientado. En algunos puntos, se quedaba a mitad de camino. En otros, iba en busca de reformar la realidad que se vive en el ámbito lechero.

04deDiciembrede2009a las10:13

La semana pasada se cayó en la Cámara de Diputados el último proyecto de ley que el Ejecutivo intentó aprobar con la actual conformación de las cámaras legislativas, el que regularía el mercado lácteo nacional. Curiosamente, el proyecto superó las comisiones con el apoyo del radicalismo, que a último momento cedió a la presión de sectores de la producción primaria e industrial.

No será el último intento oficial de aprobar una ley de lechería. También se sabe que sectores de la oposición están trabajando en eso; lo que no se tiene en claro en este momento es si se insistirá con el mismo proyecto o se buscará un nuevo marco regulatorio con mayor consenso.

El proyecto no estaba mal orientado. Entrar en las discusiones de las formas es no entender la diferencia entre Estado y gobierno de turno, pero se quedaba a mitad de camino en algunos aspectos; en otros, iba en busca de reformar la realidad que se vive en el ámbito lechero.

Si bien había una clara tendencia a promover el desarrollo de nuevos tambos y facilitar la sobrevivencia de los pequeños tamberos, dar ventajas a las pequeñas y medianas industrias y tratar de que el negocio lechero sea más plural y menos concentrado (en el mundo la concentración es la norma), no se estaban tomando los caminos correctos.

Está claro en las estadísticas que al negocio lechero lo manejan unos pocos, la producción primaria está quedando cada vez en menos manos, la desaparición de productores -y no de leche- demuestra eso. En la industria, las cosas no son mucho más plurales. Las dos grandes manejan el 30 por ciento del mercado, pero en algunos rubros, como leche fluida o frescos, su dominio se acerca al 80 por ciento, lo que desalienta la competencia.

Varias empresas trabajan exclusivamente con una línea muy reducida de productos, por lo general con poco valor agregado; esto les impide pagar buenos precios a los productores, ya que su margen de ganancia es menor.

Camiones con leche cruda recorren más de 350 kilómetros desde el sur de la provincia de Córdoba al centro de la provincia de Buenos Aires para abastecer fábricas que no pueden obtener leche en su región ante la desigual competencia con las más grandes. Estos costos, ¿quién los paga?

No existen proyectos serios de promoción del consumo de lácteos para fortalecer el mercado interno ni una búsqueda de diversificación de la cartera de productos a exportar.

Hemos asistido a la defunción de la ley lechera y, lo peor, seguimos asistiendo a la falta del armado del negocio lechero. Este negocio debería armarse desde la base de la función ganar-ganar, con un Estado que informe para qué queremos leche.

Este Estado debería poner al servicio del sector a organismos tales como el Conicet, Inta, Inti, las universidades de agronomía y de negocios para delinear una senda hacia dónde se debe ir.

Hemos asistido a políticas intervencionistas, no de Estado, que han hecho de la lechería esto que tenemos hoy.

¿Qué tenemos hoy? Cabe preguntarse si les interesa a algunos actores del sector que la torta lechera se agrande. Cuando hablamos de actores, hablamos de todos dentro del sector.

Para un mayor precio al productor ¿Es necesario el aumento de los precios de mercado interno y de exportación, con la inestabilidad que esto origina? ¿O sería mejor buscar un norte elaborado profesionalmente que nos dé estabilidad para que las fábricas hagan una mayor variedad de productos para comercializar dentro del mercado interno y que el mercado externo sea trabajado como una cuestión de geopolítica?

Leyes y mercados. En todo país serio hay leyes que arman y ordenan el mercado; en la ley que por ahora no fue estos temas

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