Otro paso más por el camino de la sustentabilidad

La familia Cerini es la primera en certificar dos campos con un doble estándar de buenas prácticas agrícolas y de soja responsable. La búsqueda de la innovación es un desafío para los productores.

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Otro paso más por el camino de la sustentabilidad
13deNoviembrede2013a las06:43

La búsqueda de la innovación, de mejores alternativas productivas, es siempre un desafío para los productores agropecuarios. De esta forma, con nuevas herramientas buscan dar un paso más hacia el progreso. Y los Cerini, una familia productora del centro-sur de Entre Ríos, viene trabajando, desde el año pasado, para distinguir su agricultura con un sello sustentable.

Clarín Rural los visitó a finales de 2012, cuando hicieron ese avance innovador para obtener el sello de Agricultura Certificada (AC), que otorga Aapresid, en su primer campo de la localidad de Nogoyá. Ellos no se detuvieron, siguieron trabajando en cuestiones de certificación y, luego de nueve meses de trabajo durante este año, duplicaron su primera apuesta. Lograron una doble certificación en el campo de Nogoyá y en otro arrendado en la localidad de Aranguren.

La novedad es que son la primera empresa en conseguir el doble estándar, es decir, además del estándar AC, también consiguieron el de RTRS (por sus siglas inglés, Mesa Redonda de Soja Responsable), un aval que implica que ellos promueven el uso y el crecimiento de la producción responsable de soja.

Los Cerini son Alberto, Noemí, Gerónimo, Dolores y Juan Pablo. Los cinco conforman una empresa familiar llamada El Hinojo, que produce sobre 15.000 hectáreas, entre propias y alquiladas, exclusivamente en la provincia de Entre Ríos. Cada uno de ellos tiene un rol dentro de la firma: Gerónimo y Alberto están al frente de la parte agronómica, Dolores, la hija mayor, está encargada de la administración. La madre, Noemí, es la dueña de una parte de los campos sobre los que trabajan, y Juan Pablo es abogado y colabora en la supervisión de los contratos.

“Estamos dentro del segmento de productores agropecuarios, entre los chicos y los grandes, que aun se mantiene produciendo exclusivamente dentro de una zona y con trato personalizado con los dueños de los campos”, dice Gerónimo, en diálogo con Clarín Rural .

Por esta idea de identidad que transmite Gerónimo, es que decidieron ir tras el doble sello AC/RTRS porque, con el primer estándar, certifican que producen ambiental y económicamente bien y apoyándose en buenas prácticas agrícolas y, con el segundo, que también lo hacen socialmente de manera adecauda.

“Lograr la RTRS fue un gran desafío para nosotros como empresa agropecuaria y también de mucha importancia, porque la certificación la logramos en un campo de 330 hectáreas justamente lindero al pueblo de Aranguren. En buena medida nuestro objetivo fue mostrarle al pueblo vecino que estamos haciendo las cosas bien, además que el 80% de las personas que trabaja en la parte agrícola de la firma vive justamente en ese pueblo”, señala Gerónimo.

Por esta cuestión de ser vecinos al pueblo, antes de lograr la certificación, cuenta Gerónimo, la empresa ya reparaba en determinadas precauciones en el manejo de productos.

“Debido a que tenemos un trato directo con la intendencia del pueblo, ya antes de lograr la RTRS, para hacer aplicaciones de agroquímicos habíamos establecido, de común acuerdo, dar aviso 48 horas antes y acercar la receta agronómica que aplicaríamos”, comenta Gerónimo y explica: “Luego, con la sanción de la ley provincial de agroquímicos, esta metodología se mantuvo y, actualmente, antes de comenzar la aplicación, un técnico de nuestra empresa espera a un profesional de la intendencia para determinar si las condiciones ambientales son las apropiadas para aplicar. De esa forma, si lo son, se sigue adelante con la tarea y, si no lo son, se pospone para otro momento”.

Básicamente, con la obtención de la RTRS certificaron estos manejos responsables que hacen con determinadas prácticas agronómicas. “Detrás de la certificación hay mucho trabajo. Se diseñaron protocolos de procedimientos que fue lo que implicó tanto tiempo, después la implementación y la capacitación del personal es una tarea más sencilla”, subraya Gerónimo, quien pondera la labor que hizo Pablo Amavet, técnico de El Hinojo y María Laura Droffa, ingeniera química, una técnica que la empresa contrató. Ambos trabajaron juntos para el diseño de los protocolos, que luego se presentaron al auditor de la Asociación Internacional de Soja Responsable.

La firma no se detiene y ya planea extender la doble certificación a toda la superficie en la que producen dentro de los próximos cuatro años.

“Estar certificados es un beneficio organizacional, por un lado, y también hace a la imagen que la empresa le da a la comunidad local, por el otro. Además, si nosotros sostenemos que hacemos las cosas bien, que ello nos lo evalúe otra entidad y que nos digan si estamos trabajando como corresponde”, concluye Gerónimo.

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