Nadie quiere la guerra en Ucrania, pero la violencia no para de crecer
Los grupos prorrusos que aún controlan distintos enclaves ubicados por todo el este y sur del país a pesar de los esfuerzos del gobierno interino en derrotarlos.
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La escalada de violencia sigue su curso en la cada vez más fragmentada Ucrania. Distintos enfrentamientos se produjeron entre fuerzas leales a Kiev y los grupos prorrusos que aún controlan distintos enclaves ubicados por todo el este y sur del país a pesar de los esfuerzos del gobierno interino en derrotarlos.
Aunque el presidente, Olexander Turchinov, señaló que el intento de desestabilización de la situación en Odesa fracasó, rebeldes tomaron una comisaría en esa ciudad. Mientras que en Slaviansk se registraron enfrentamientos armados que costaron nuevas vidas.
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Un salame de casi cinco cuadras: Tandil busca este fin de semana recuperar el récord que le ganó San Andrés de GilesDesde que los grupos proeuropeos, comandados por sectores ultra nacionalistas, se hicieron con el poder en Ucrania cuando derrocaron al debilitado gobierno de Viktor Yanukovich, el conflicto no cesa de crecer y los hechos de violencia comienzan a alejar la posibilidad de una solución que satisfaga a todas las partes. Las alertas se encendieron ya porque es difícil que, ante la respuesta agresiva de parte de Kiev a las intentonas secesionistas, el gobierno de Putin permanezca al margen. Y también es esperable que un ingreso ruso directo en la disputa dispare la intervención de Estados Unidos y buena parte de Europa, aunque el gas se corte y amenace la economía alemana, entre otras.
Pero no todo es tan lineal. La rápida reacción de Rusia en apoyar el exitoso movimiento separatista de Crimea, ante el intento de alejar a toda Ucrania de la órbita prorrusa, ya le generó severos problemas a nivel internacional y una guerra a escala planetaria no es algo que le convenga a nadie, tampoco a Putin. Aunque los movimientos en el este ucraniano reciben apoyo indirecto de Moscú, un desembarco militar puede tener consecuencias difíciles de prever. Por eso los esfuerzos de Rusia siguen en la línea de dejar sentada la posición de víctimas a prorrusos. El ministro del Exterior, Serguéi Lavrov, señaló en un comunicado que se estaba gestando una crisis humanitaria en las localidades bloqueadas en el este de Ucrania y llamó a las autoridades de ese país a entrar en razones, detener el derramamiento de sangre, retirar las fuerzas y sentarse en la mesa de negociación para comenzar un diálogo sobre las formas de resolver la crisis política.
Estados Unidos y Europa también proponen la ofensiva diplomática para frenar la guerra civil en Ucrania e impulsan nuevas conversaciones en la ciudad de Ginebra, no obstante mantienen el apoyo decidido al gobierno de Turchinov, que sigue adelante con su plan para erradicar a los terroristas del territorio ucraniano. Para Kiev, las insurrecciones son parte de una estrategia orquestada y desarrollada por Rusia para quedarse con la mitad de Ucrania y no están dispuestos a observar pasivamente su desmembramiento.
La masacre registrada días atrás en Odesa, donde grupos ultranacionalistas quemaron un edificio y provocaron la muerte de cerca de 40 prorrusos, sólo logró multiplicar rencores. La escalada ya amenaza la realización de las elecciones generales previstas para el 25 de mayo, dado que las tropas ucranianas, debilitadas luego de años de crisis económica, difícilmente puedan garantizar unos comicios en paz.
