CLIMA
Rosario
lunes 16
Estado clima
17° | 30°

Chaparrones

martes 17
Estado clima
15° | 33°

Nublado parcial

miércoles 18
Estado clima
17° | 34°

Nublado parcial

Exposición Rural 2014

Doble o nada: desde Córdoba apostó y ganó

La cabaña cordobesa Rancho Grande hizo doblete en Braford: ganó en machos y en hembras. Y pisa fuerte también en Brangus. La nueva ganadería.

Por Clarín Rural

“El 2003 marcó nuestra primera participación en Palermo y tuvimos un reservado campeón. Todos queríamos irnos de fiesta pero mi padre dijo que no había nada que festejar, que había que ponerse a trabajar para volver al año siguiente y llevarse el premio mayor. Y así fue”.

Quien habla es Andrea Peyrano, hija de Raul Peyrano, fundador de la cabaña Rancho Grande, de Corral de Bustos, Córdoba, que esta semana logró un nuevo hito en su historia. Por primera vez se llevó el premio mayor de la raza Braford en machos y en hembras. Son el décimo y el undécimo máximo galardón de la cabaña en Palermo. Y de yapa, en la competencia de los Brangus, donde en realidad la cabaña siempre pisó más fuerte, el Gran Campeón también fue un toro criado por ellos, actualmente propiedad de Semex (Ver Un Brangus...).

El Gran Campeón macho Braford es un toro de dos años y medio y 900 kilos, que venía de quedar tercero en la exposición nacional de la raza, por lo que causó una grata sorpresa para sus dueños. La Gran Campeona hembra es una vaca de dos años que llegó preñada y con ternero al pie. “Son dos animales bien moderados, muy funcionales y con muchas características carniceras, que es lo que en realidad hay que buscar. No hay que olvidar que el objetivo final es producir carne”, dijo Richard Luchetti, gerente comercial de Rancho Grande, en diálogo con Clarín Rural.

El fundador de la cabaña Rancho Grande fue Raúl Peyrano, un industrial que hacía cilindros hidráulicos en Corral de Bustos pero que era en verdad un apasionado por las vacas. Peyrano inició la cabaña en la década del 70 con toros Angus y más tarde adoptó también ejemplares Brangus, al tiempo que los campos del norte se poblaban con esta raza. Recién en 2006 le llegaron los primeros Braford.

Actualmente, tras la muerte del fundador a comienzos de 2010, son sus hijas las que tomaron la posta. Mariana Peyrano está abocada a la industria y su hermana Andrea se ocupa de la cabaña, pero toda la familia está vinculada con el campo, incluso las nietas, que están presentes en Palermo.

Entre cucarda y cucarda, Luchetti explicó paso a paso cómo se produce la genética que reina en el norte argentino. Rancho Grande cuenta con un núcleo genético del que todos los años salen los embriones para un campo de cría en la localidad de Justo Daract, en San Luis. Allí, los Peyrano cuentan con unas 600 madres Braford y otras 600 Brangus, que a partir de la inseminación o el implante de embriones producen los terneros para la cabaña. De todo ese rodeo, tras una exhaustiva selección, saldrán los toros para el NOA y NEA.

El primer filtro para los terneros es tener un buen peso al momento del destete. Luego, a los doce meses de vida se les mide la circunferencia escrotal, y solo los que tienen más de 30 centímetros siguen en camino. A partir de ese momento, el parámetro que cuenta es la ganancia diaria de peso. Solo los que mejor conversión de alimento en carne hacen son elegidos para ser reproductores.

A los 18 meses se les vuelve a medir la circunferencia escrotal y los que mayor tamaño de testículos tienen -un rasgo que da cuenta de la fertilidad del animal- son finalmente seleccionados para reproducir sus genes. Todos los que quedan en el camino forman parte del rodeo de novillos para consumo. A los dos años de vida, los toros son trasladados a la cabaña en Corral de Bustos.

“En el tiempo que pasan en San Luis los animales se adaptan bien a cualquier zona porque allí hay una gran amplitud térmica”, comenta Luchetti, y agrega: “Presionamos cada vez más en la selección porque nosotros buscamos generar nuevas corrientes de sangre para ofrecerles a los productores. Hacemos genética, no somos multiplicadores de toros”.

Es por eso que todos los años traen la mejor genética de Australia y de Estados Unidos y la cruzan con reproductores locales que le dan la impronta que estos ambientes requieren. “La genética Braford la buscamos en Australia y tiene sus complicaciones, porque allá no le dan importancia al prepucio, y nosotros tenemos que tenerlo muy en cuenta para que el animal se adapte bien a los ambientes de acá, que tienen pastizales altos. Respecto al Brangus, los animales estadounidenses son más levantados, y nosotros a partir del cruzamiento con genética local buscamos moderarles el frame, porque al final el objetivo es producir novillos livianos”, explica el cabañero.

A la hora de las preferencias, a pesar de tener en sus manos a los dos reproductores campeones de la raza Braford, Luchetti parece inclinarse por los Brangus. “Elegir una u otra en realidad es como ser de Boca o de River. En el gancho no hay diferencias. Pero el Brangus es más fácil de manejar… Además, a nosotros el Brangus nos da mayor porcentaje de destete”, dice, seguramente planteando una cuestión polémica con la que los amantes del Braford no estarán de acuerdo. Pero Rancho Grande ganó también en esa raza, así que nadie puede negarle el derecho a opinar.

Gustavo Ambroggio, director técnico de la cabaña desde hace 25 años, destaca las posibilidades que ambas razas tienen en el contexto actual de la ganadería. “Buscamos hacer animales de buena calidad de carne con una terneza y un engrasamiento que puedan reemplazar la falta de británicos, que van mermando por el desplazamiento de la ganadería hacia el norte. Si hacemos un animal con el biotipo de este Gran Campeón, yo garantizo que nadie va a saber si está comiendo Braford o el mejor británico de la Cuenca del Salado”, concluye.

En cualquier caso, en Rancho Grande, la base está. Y bien lo sabe la gente de Semex, que al cierre de esta edición, en el remate de los Braford, pagaban 340.000 pesos para llevarse al Gran Campeón.

Un Brangus que salió de la misma cuna

Para hacer cartón lleno, la cabaña Rancho Grande, de la familia Peyrano, también puede presumir de haber criado al gran campeón Brangus de Palermo, aunque ya no sea su dueño. Se trata de Francesco I, un toro que el año pasado salió tercero en Palermo y fue vendido por 400.000 pesos a Semex, una empresa canadiense de genética que exporta a 80 países y que en la Argentina cuenta con genética de todas las razas lecheras y carniceras. “No somos criadores. Estamos detrás de los buenos padres”, dice Jorge Cárcano, gerente general de Semex Argentina. Y agrega: “El año pasado, después de la exposición, Francesco I fue directo a congelar semen a un centro genético en Marcos Paz, y trabajó ahí hasta hace un mes y medio. No es habitual traer a esta exposición de alta competencia a un animal que estuvo todo este tiempo trabajando, pero estaba en muy buen estado y nos tuvimos fe”. Ahora, el toro campeón volverá al centro y su semen se exportará a varios países, fundamentalmente los limítrofes.

¡OPINÁ SOBRE ESTA NOTA!

Comentar en foro