La campaña que viene, con ecuaciones que no cierran

Que la ecuación agrícola venía cayendo no es ninguna novedad. Lo mismo ocurre con la fruticultura, con la lechería, la cadena vitivinícola, la molinería, la avicultura, etcétera.

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Tal vez la única excepción relativa sea la ganadería.

Tal vez la única excepción relativa sea la ganadería.

23deEnerode2015a las08:24

Que la ecuación agrícola venía cayendo en las últimas campañas no es ninguna novedad. La disminución de área, el uso de insumos, la aplicación de fertilizantes, los regulares resultados obtenidos mostraban claramente el retroceso que iba sufriendo la actividad. Lo que no estaba tan claro es la agudización de la caída que se registró en los últimos seis meses, lo que determina que hoy muchos de los resultados agrícolas -tranqueras adentro- ya den negativo aun en las zonas centrales, y mucho más si se incluye el flete.

Lo mismo ocurre con la fruticultura, con la lechería (a la cual, además, le quieren "rebajar" los precios), la apicultura y, más aún, cuando el producto conlleva más proceso, como ocurre con la cadena vitivinícola, la molinería, la avicultura, etcétera.

La conjunción de una demanda interna prácticamente en el máximo de sus posibilidades y la caída en los precios internacionales de la mayoría de los productos exportables a causa del parate de la economía internacional (además de las propias restricciones locales para vender al exterior) dio como resultado la caída y el estancamiento en el precio que reciben los productores.

El tema no sería tan preocupante si no fuera porque se mantiene la tendencia alcista en el costo de la mayoría de los insumos, tarifas y, como si fuera poco, en los impuestos en general, tanto a nivel Nación, como provincias y municipios.

Para tener una idea, en los rubros más básicos para la producción de granos como combustibles, herbicidas y fertilizantes, en la relación insumo-producto hay aumentos de hasta el 80% (más de grano para comprar la misma cantidad de producto) en relación con lo que ocurría a mediados del año pasado. La misma relación prácticamente se duplicó en la década.

De ahí que, en general, las expectativas para el año que se inicia sean poco alentadoras, a pesar de que más de un productor estaría dispuesto a "jugar la apuesta" para el nuevo Gobierno, ya que lo que se implante este año se cosechará a partir de diciembre (trigo), cuando el presidente electo asuma. 

Sin embargo, hoy no hay "espíritu", ni plata.

El creciente malhumor de los productores se palpa en las asambleas que se van gestando, algunas por el tema caminos (en general, intransitables), otras por la inseguridad y los ataques que se están registrando sobre bienes de los productores en distintas localidades (además de los silos bolsa), y en todos los casos, por la caída de la rentabilidad que ya impide producir.

Ni hablar del caso de los tambos, con precios congelados desde abril pasado por la Secretaría de Comercio, y que ahora deben soportar el embate de una pretendida baja por parte de las usinas que, a su vez, no pueden exportar y deben negociar permanentemente el precio de góndola, lo que está llevando a quebranto a varias.

La cadena vitivinícola ya hizo oír su voz pidiendo alguna forma de ayuda para evitar el deterioro de semejante infraestructura productiva, aunque la relación vale igual para las aceitunas, los distintos aceites, los jugos de frutas y los lácteos, por mencionar sólo algunos.

Para tener idea de la magnitud del retroceso, tomando el caso de los granos, perfectamente extrapolable al resto de las actividades, según los cálculos del último Márgenes Agropecuarios aun en campo propio muchos cultivos ya quedaron fuera de carrera, como el trigo, que presenta resultados negativos en todas las regiones, a excepción del planteo en plena Zona Núcleo (en el sudeste de Buenos Aires) y con más de 50 quintales de rinde por hectárea. En las restantes regiones da pérdidas, que en algunos casos superan los u$s 100 por hectárea.

En el resto, aunque los márgenes brutos son positivos (siempre con altos rindes de indiferencia), muchos se tornan inviables luego, al incluir los fletes.

Por eso, a partir de los resultados de la actual campaña, muy en duda todavía a causa de las bruscas oscilaciones climáticas y las condiciones de sequía hacia el oeste y de extrema humedad en el corazón de la Pampa Húmeda y en toda la Mesopotamia, se estima que el ciclo productivo de este año va a plantear un endeudamiento creciente para los productores y, por limitaciones financieras y falta de rentabilidad, un nuevo achicamiento del área de siembra para la campaña 15/16.

También en lechería se estima un retroceso en los estancados volúmenes de producción, lo mismo que en la fruticultura.

Tal vez la única excepción relativa sea la ganadería, uno de los pocos rubros que mantienen un muy firme mercado internacional y con posibilidades de colocación si le liberan las exportaciones, hoy en un piso de apenas el 5%. Aquí, sin embargo, también las limitantes financieras impiden un vuelco importante hacia la actividad o la retención de vientres, por lo que el despegue también será más lento.

Pero por ahora, los ojos siguen puestos en el cielo, ya que la única ayuda factible sería la estabilidad climática que permita finalizar la campaña de granos gruesos y su cosecha completa sin nuevas pérdidas.

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