La experiencia de un formoseño que triunfa en la lechería de Nueva Zelanda

Galardonado en los Dairy Industry Awards 2021, Diego Gómez Salinas crece con objetivos claros en una de las cuencas lecheras del mundo

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La experiencia de un formoseño que triunfa en la lechería de Nueva Zelanda
17deMayode2021a las14:06

Diego Gómez Salinas es formoseño, una tierra de calor y no tan adecuada para la lechería tradicional tal como la conocemos. Su padre es veterinario y desde hace más de 25 años es responsable del Control Lechero de la Universidad Nacional de Formosa. Siempre inquieto, como técnico en Agronegocios Diego consiguió una pasantía en Paraguay, en uno de los principales emprendimientos ganaderos de ese país, con la familia Figueredo, donde pudo recorrer toda la cadena productiva.

En Paraguay vio la oportunidad de crecer y decidió probar suerte en Nueva Zelanda. A sus 21 años llegó a la Isla Sur y durante dos años y medio estuvo trabajando en tambos, donde desarrolló todas las estrategias a partir del cargo inicial de asistente del encargado de esa unidad de producción, donde había 1.200 holando en producción, pero con la experiencia de haber integrado un equipo de trabajo estable de 14 personas. Pasó a organizar el ordeño con una calesita para 50 animales, además del personal y decidió cambiar de ubicación para escapar de alguna manera de los inviernos con 15 grados bajo cero, con un sistema 3, que tiene una proporción igual de pasturas y suplementos.

La Isla Norte en 2011 lo recibió en un campo con 600 vacas que se ordeñaban en una sala con la tradicional espina de pescado, siendo el segundo a cargo, con un sistema de producción 4, donde se suplementa más, incluyendo frutas de kiwi, el fruto de palma, maíz y silo. Por cuestiones familiares debió volver a la capital de Formosa en 2013 y de alguna manera dejó a su carrera en pausa por cuatro años.

“Conseguir trabajo en Formosa con un currículum enorme en la actividad agropecuaria no fue posible, entonces puse algunos negocios, pero con toda la burocracia para poder llevar adelante todo, los problemas con el personal, todo era pelear demasiado, trabajar muchísimo por muy poco y en 2016 le dije a mi mujer que volvamos a Nueva Zelanda. Con la mitad del esfuerzo de lo que estábamos haciendo íbamos a volver a vivir el doble o el triple mejor que en Formosa”, cuenta.

Diego sabía que sus antecedentes en la lechería lo iban a ayudar, incluso con su hijo mayor recién nacido. Llego y en la región de Tarañaki y en un campo con 600 animales consiguió trabajo como segundo responsable del tambo, desarrollando actividades en pasturas, personal, mantenimiento y a partir de eso conseguir la confianza para animarse a mudarse diez kilómetros y ser manager de un tambo que lo sigue teniendo como responsable absoluto.

Con un rodeo kiwi-cross, un tambo de tres en una misma empresa, cada jornada lo enfrenta al manejo completo desde la genética, el personal, la maquinaria, el mantenimiento general, se reúne una vez por semana con el jefe y responsable de la empresa para planificar lo inmediato y también para mirar a largo plazo a lo largo de cada temporada.

“En este campo de 142 hectáreas manejo 450 vacas y llegamos perfectamente a nuestro obejtivo de producción que son 65 mil kilos de sólidos, alrededor de 400 kilos por animal el año, con 390 vacas ordeñadas. Para este año queremos llegar al mismo promedio por animal”. En una buena región, “si bien nuestro objetivo es ordeñar leche, nuestro verdadero trabajo es producir pasto, que es el alimento más barato que tiene la actividad lechera, el que tiene menos impacto medioambiental y el más sustentable. La salud de los animales y la producción de pasto es lo más importante”, añade.

Con su tarea logró pasar de un sistema 3, a un sistema 2, que significa que la suplementación se retringe al diez por ciento de suplementación, con sustentabilidad interna al 90 por ciento, reduciendo costos y con menos dependencia de los precios interancionales y los suplementos, como puede ser la semilla de palma, que es fundamental en las dietas neocelandesas: “Estos dos últimos años el pago por la leche fue muy bueno, sin embargo en otras temporadas tener un sistema básicamente pastoril nos permitió apalancar con más márgen nuestras decisiones”.

Con mucha diversidad de sistemas, Diego comentó a Agrofy News que “en este campo, por cuestiones de manejo regional y de personal, cortamos entre un mes y medio y dos meses, en invierno, del 31 de mayo al 1° de agosto, para lograr tener entre 280 y 300 días de leche, ese es el objetivo”, con pariciones programadas que demandan mucha atención, ya que en el primer mes y medio de la temporada pare el 80 por ciento del rodeo.

“Organizar las pariciones como lo hacemos nosotros le permite al personal tener un buen descanso, pero también enfocarse en esta época que es tan demandante, sin haber grandes diferencias en la producción”.

Como en la mayoría de los campos en ese país, el primer ordeño es las 6 de la mañana, con unas ocho horas de pastoreo hasta el próximo ordeño, con la siguiente visita a la sala a las 15 horas, con un trabajo de dos horas que se asemeja mucho al sistema habitual argentino, sin afectar a la condición corporal del animal, con disponibilidad constante de alimento por menor influencia de las sequías, respecto de otras regiones.

Respecto al resto de los tambos, que ordeñan a las 5 de la mañana, la decisión de correr una hora el inicio del trabajo le permite darle al personal un mejor descanso, una tarea con horarios más normales y le permite “retener más tiempo al personal en el campo, consiguiendo que se queden más años y que no se pierda el valor de estar en una capacitación constante de los recursos humanos, que no se pierda ese capital”.

Es muy sincero y tiene claros los objetivos, “yo me considero un produccionista, quiero lograr mis objetivos de producción, es lo que me importa, para eso trato de maximizar todas las decisiones, en ordeño, alimentación, e incluso pasturas con la adecuación hasta tres veces por año del presupuesto”.

Dairy Industry Awards: el camino al premio

Siendo el segundo año en el que se presenta al concurso Dairy Industry Awards en 2020, había salido segundo en la categoría de manager y este año consguió el primer lugar en su región Taranaki siendo el mejor Dairy Manager, tal como le resultó a la otra argentina galardonada, María Alvarez en Canterbury/North Otago.

“Esto me sirve mucho profesionalmente, para saber cómo estoy yo trabajando en comparación a los mejores. Al ser extranjero y venir de otro lugar siempre es muy dificil encajar y hacer lo correcto”. Llegar de Argentina, donde hay similitudes, pero la mayoría son diferencias en la producción, “es importante el reconocimiento de tus pares, para saber si lo que uno cree que está bien, está bien. Es bueno saber que más allá de mi jefe estoy haciendo las cosas bien”.

También consiguió en la primera evaluación los reconocimientos “Dairy Trust Taranaki Feed Management”, sobre alimentación y en manejo de rodeos “DeLaval Livestock Management Award”, además de el premio a la administración del tambo “Westpac Personal Planning & Financial Management Award”.

Este sábado se anunciaron los ganadores definitivos a nivel nacional y los galardonados fueron Manoj Kumar & Sumit Kamboj, como pareja a cargo de un tambo; Christopher Vila, Manager lechero del año y Ruth Connolly, como novata del año en la cadena lechera.

Su campo logra la mayor producción en la región, de acuerdo al sistema de información computarizado del que dispone Fonterra, una suerte de hoja de comparabilidad que en nuestro país no está disponible. Este año la producción viene con parámetros muy altos, “eso me deja a las claras que se están haciendo las cosas bien. Eso nos permite empezar a pensar en un plan de mayor sustentabilidad. Es lo que se viene, porque cada vez las regulaciones son más estrictas en materia de sostenibildad en Nueva Zelanda y en el mundo, avanzando en la reducción de carbono y con un mejor uso de los fertilizantes. Si bien lo hacemos, no lo tenemos por escrito y eso nos permitirá saber dónde estamos y hacia dónde vamos año a año, teniendo en cuenta que en diez año se van a tener que reducir la cantidad de cabezas por hectárea”.

Un tema de debate del otro lado del planeta, por la carga animal, no es un problema aquí, pero sí deberíamos empezar a mirar a la sustentabildad con una mirada más cercana.

Caminar en unos días a la definición del premio lo llena de orgullo. “Argentina no nos llenó la última vez que estuvimos ahí. El desarraigo es fuerte, dejamos mucho allá, a nuestras familias, nuestros hijos se educan lejos de ellos y sabemos con mi esposa que hay que hacer valer este sacrificio y eso se traduce en ´no ser el último orejón del tarro´”.

Diego entiende que “resaltar es parte de los objetivos que nos pusimos cuando llegamos, no ser unos más en el montón. No pasar desapercibidos, sino lograr objetivos por encima del promedio, lo cual nos ayuda a demostrarnos este sacrificio de venir a otro país, por un futuro mejor”.

Ese pais, una isla lejana, trabaja de esa manera, destaca el esfuerzo, lo premia y sobresale siendo líder en el sector lechero mundial.

“La actividad lechera en Nueva Zelanda está armada para que uno pueda progresar dentro de la industria, siempre y cuando uno demuestre que aporta valor a los campos donde uno trabaja. No es necesario ser profesional para llegar a ser contratista o dueño de un campo, para llegar lejos. Naturalmente se demandan conocimientos técnicos, pero si uno empieza desde abajo sabe a dónde puede llegar, hay una carrera lechera bien determinada”, desde asistente hasta contratista, con responsabilidad financiera.

Objetivos de Diego Gómez Salinas

Aplicando ya para tener la residencia, luego de un año de paralización de los trámites por la pandemia, con esa condición puede Diego con su esposa María dar un paso más en su progreso, para aspirar a un contrato de “share milker”, un contratista que además de maquinaria, insumos y servicios, recursos humanos, también aporta animales para desarrollarse en un campo.

Entre uno y dos años de espera le permitirán seguir ahorrando capital para poder dar ese paso laboral, apuntando a mudarse a la región de Waikato o Bay of Plenty, donde hace más calor y les permitirá estar más a gusto, basándose en el recuerdo de las altas temperaturas de Formosa. Pero también influye la calidad de la educación en esa región, pensando absolutamente en sus dos hijos, acercándose más a la ciudad de Auckland.

En un paso intermedio de “contract milker” por unos tres años, los Gómez saben que están en una tierra en la que los objetivos se logran, donde el esfuerzo tiene su recompensa.

“El motivo principal por el que me fui de Argentina es porque nunca pude tener un norte, es muy dificil fijarse objetivos a más largo plazo que tres meses y a veces las cosas cambian sólo en semanas”. Diego se reconoce cómodo en un país ordenado, y comenta que la incertidumbre de la Argentina "no es saludable, porque te saca años de vida el estrés. Acá sabemos que podemos planificar muchos años adelante, ahorrando, logrando nuestros objetivos profesionales y como familia, sin afectar nuestra vida”.

El desarraigo siempre se siente en quien se va de su país, ese es un costo emocional que no hace simple las decisiones, pero los “días largos de la actividad lechera”, la cultura diferente, el idioma distinto, no son barreras para superar todo, con herramientas sencillas que el Gobierno en ese país facilita para que todos los habitantes progresen.

“A quien se quiere ir le digo que es posible progresar en otro lado, pero también para quien quiere quedarse, hay muchas cosas de las que hacemos acá que las pueden hacer ustedes ahí, porque tomando algunos ejemplos colaboramos con la meta de mejorar a nuestro país”, destaca.

Diego entiende que en materia genética Argentina es superior, pero hay muchos otros detalles que habría que mejorar para crecer. “Argentina tiene todas las posibilidad de ser una potencia, de ser como Nueva Zelanda, con variaciones mínimas cada año, no que haya cambios enormes todo el tiempo en el sistema, sino que se agreguen mejoras, siempre manteniendo los lineamientos fundamentales”, reflexiona sobre los impactos que tiene el país, pero también el sector lechero.

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