Empresario farmacéutico y compositor, las inversiones en el campo de Antonio Bouzada: el "monje tibetano" de Entre Ríos

Antonio Bouzada apeló a sus orígenes para diversificar sus negocios cuando compró la estancia San Fernando

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Empresario farmacéutico y compositor, las inversiones en el campo de Antonio Bouzada: el "monje tibetano" de Entre Ríos
21deJuniode2022a las08:25

En una vista aérea rapaz sobre la estancia San Fernando se pueden divisar los círculos del sistema de riego, la planta de silos y los galpones de las granjas porcinas que la familia Bouzada desarrolló en los últimos 25 años. Ubicado en la margen del arroyo Nogoyá, en el distrito de Montoya, en Victoria, Entre Ríos, el establecimiento de 2283 hectáreas es producto de la venta del laboratorio Filaxis que Antonio Bouzada había cofundado en 1985. 

Grupo Bouzada

“Mi origen agropecuario me llevó a invertir en el campo parte de lo obtenido por mi salida de Filaxis a manos de un grupo suizo. Adquirí dos estancias vecinas donde se hacía algo de agricultura, ganadería bovina y se criaban ovejas, pero lo primero que hice fue incorporar sistemas de riego para mitigar los contratiempos climatológicos en una zona marginal”, describe Bouzada que, en simultáneo, volvió a invertir en la industria farmacéutica, a través de Eriochem, único laboratorio de capitales latinoamericanos que vende productos medicinales en los Estados Unidos que conserva en partes iguales con su socio de la toda la vida, Lucio Nuñez.   

Hoy, el Grupo Bouzada está integrado por tres grandes unidades de negocios:

  • Eriochem en el sector pharma y con un perfil eminentemente exportador
  • San Fernando como división agrícola y porcina, a través de la cual siembra 3200 hectáreas y suma más de 1200 madres cerdas
  • Pondesur que se ocupa de la comercialización de alimentos

“Somos un grupo familiar, pero tanto en el laboratorio como en Pondesur tenemos socios y un manejo totalmente profesional”, aclara Bouzada escoltado en la actividad por los tres hijos que tuvo junto a María Esther: Sebastián, Luciana y Hernán.  

Antonio Bouzada: el gran compositor

Antonio Bouzada (71) parece haber transitado varias vidas en una. Nacido en Paraná, Entre Ríos, en 1950, es abogado, emprendedor, productor agropecuario y compositor. Su abuelo paterno llegó a ser propietario del entonces Hotel Gran Sack, en la capital provincial, donde había ingresado como jefe de cocina. A su vez, por parte de su madre, corre la sangre de una familia tradicional apellidada Aranguren. Su bisabuelo, de origen vazco, fue propietario de una de las empresas más prominentes de la época en la provincia, una carpinteria que llegó a promocionarse en la Feria de París de 1895. 

Esa cultura del trabajo y capacidad emprendedora también forma parte de las características de este entrerriano multifacético que después de desarrollar con éxito y vender un laboratorio a una multinacional europea, fundó uno nuevo cuatro veces más grande y escaló en el negocio agroindustrial transformando granos en carne.

“La experiencia como empresario y ejecutivo de un grupo suizo -ocupo el cargo de CEO de Filaxis y Serono Argentina por cinco años- te aportan una mirada organizacional y estratégica que te cambia la cabeza porque son estructuras muy sofisticadas y eso te lleva a pensar de otro modo. Por eso tomé ciertas decisiones en el manejo de la empresa agropecuaria donde siempre tuvimos claro que el camino era agregar valor”, asegura Bouzada, en un mano a mano con Agrofy News. 

Si bien la familia primero desarrolló un sistema ganadero que llegó a contar con 1500 cabezas y un pequeño feedlot, la mirada anticipada de que llegaría un cambio de ciclo con la intervención de las exportaciones durante el Gobierno de Néstor Kirchner, motorizó una rápida liquidación del stock y la salida de ese negocio. Bouzada recuerda que, después del 2006, empezaron a evaluar la posibilidad de incursionar en el negocio porcino para consumir el maíz que producían y finalmente fue su hijo Sebastián que se hizo cargo de desarrollar esa nueva unidad. Hoy tienen dos granjas, una de 1200 madres en el establecimiento propio y otras poco más de 200 en una granja alquilada con una producción integral de 3300 kilos por madre cada año. 

“En San Fernando, siempre me apoyé en el asesoramiento profesional y en mi hijo, pero sigo involucrado en la toma de decisiones para pensar estratégicamente cómo avanza la producción. Mucho tiempo tuvimos contratos con semilleros importantes para la producción de semilla de maíz y, ahora, estamos evaluando la posibilidad de volver a sellar alianzas con alguno de esos jugadores”, adelanta Bouzada padre que, entre campos propios y alquilados, siembra unas 3200 hectáreas agrícolas consumiendo la totalidad del maíz y el equivalente a un 45% de la soja, a través de sus granjas porcinas. 

Grupo Bouzada y los modelos asociativos

Antonio Bouzada y Lucío Nuñez llevan 35 años de relación societaria, primero en Filaxis y ahora en Eriochem. Sin embargo, no es la única sociedad exitosa que la familia supo desarrollar. En los últimos años, en un modelo inusual en la Argentina, el Grupo Bouzada, a través de San Fernando, se asoció a dos cooperativas (Aranguren y San Martín) para montar una planta frigorífica. “Pondesur es una obra totalmente de Sebastián”, se apresura a aclarar Antonio que también explota su beta artística como escritor y compositor de canciones folclóricas como “Escuela de Monte”.

Pensando en la nueva generación, Bouzada señala: "No planeé que mis hijos me acompañen y todo el tiempo les dije que se podían dedicar a lo que quisieran, pero mamaron desde siempre no temerle a la complejidad porque tener una empresa es muy complejo. Y si bien nunca pensé los negocios como un legado familiar, ellos optaron por acercarse a las empresas”. Mientras que Sebastián desarrolló la unidad porcina, Luciana y Hernán, son abogados y trabajan en Eriochem. 

Por su parte, Pondesur empezó a operar en noviembre de 2017. La planta procesa 3000 toneladas de carne de cerdo por año con una faena estimada en 600 capones semanales que esperan elevar a 700 hacia fin de año. La marca tiene cuatro sucurslaes propias y pronto sumará la quinta en Paraná. 

El derrotero profesional de un hombre de campo que ejerció la abogacia durante casi una década y terminó co-fundando dos laboratorios representa también la antítesis de un país que va marcha atrás desde hace rato. 

“Tenía 34 años cuando me convertí en empresario, si bien ya había comprado un campo de 322 hectáreas, fue junto a mi socio que empezamos a hacer síntesis química de Cisplatino en el fondo de la casa donde tenía mi estudio de abogado”, recuerda Bouzada y afirma: “Nos fue muy bien Filaxis porque tuvimos varios éxitos. El primero fue haber instaurado en el mercado farmacéutico local una línea de genéricos oncológicos que hasta entonces estaba en manos solo de grandes laboratorios internacionales. A su vez, al poco tiempo también implementamos una línea de productos para el SIDA y fuimos los primeros en lanzar un anti-retroviral en Latinoamérica. Eso llamó la atención de un grupo suizo con base en Ginebra al cual le terminamos vendiendo la empresa que, para ese entonces, tenía unos 70 empleados”. 

La experiencia que habían sumado con ese primer negocio, llevó a Bouzada a dejar el cargo de CEO en Serono Argentina para planear el lanzamiento de un nuevo laboratorio. “Eriochem fue concebido para exportar, siendo el primero y hasta ahora único laboratorio que vende productos medicinales a los Estados Unidos, es decir, después de mucho trabajo fuimos aprobados por la Administración de Medicamentos y Alimentos de ese país (FDA), garantizando una altísima calidad que, también, nos permite vender en Canadá y varios países de Europa”, asegura el empresario y amplia: “Hoy, exportamos el 95% de lo que producimos a 40 mercados y estamos enfocados exclusivamente en productos oncológicos. Hacemos síntesis química para medicamentos farmacéuticos y productos finales tanto para empaquetar, en Uruguay, donde también tenemos una planta, o con las artes del cliente al que va dirigido”. 

Si bien se reserva el monto que factura la compañía, Bouzada y Nuñez se reparten el 92% de las acciones en Eriochem que, tanto en el país, como a tráves de sus subisidiarias, en Uruguay y México, suma 322 colaboradores. 

Para Bouzada, en la Argentina estamos llenos del mensaje “no se puede”, pero no hay que dejarse inhibir por eso y hay que seguir haciendo. “En un país que ha expulsado y destratado a sus premios Nobel y ahora hace lo mismo con los fundadores de los unicornios, el mayor desafío de la nueva generación es seguir adelante”, sostiene el empresario y analiza: “Mi opinión es que en los últimos 70 años Argentina viene combatiendo el capital, es decir, a los empresarios y por eso a la hora de evaluar un nuevo proyecto lo pensas 18 veces. El desafío es enorme con una legislación laboral que juega en contra lo que se traduce en menos empresarios, algo que queda en evidencia en el agro donde poca gente quiere agregar valor a los granos. Se necesita mucha vocación. En mi caso, tengo la vocación de un monje tibetano, pero como el Tíbet me queda lejos sigo invirtiendo en la Argentina”. 

* Facundo Sonatti es periodista de negocios especializado en empresas de familia (Twitter: @facusonatti)

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