Venden “bichos” que devoran las plagas de los cultivos
"No se trata de algo orgánico, sino de agricultura biológica", destaca el jefe de producto de la empresa; comenzaron importando insectos y ya tienen aprobación en cinco provincias

“En lugar de utilizar químicos, usamos bichos”, define a Agrofy News Carlos Silvestre, jefe de producto de Brometán, una empresa que desde hace más de 10 años desarrolla el manejo integrado de plagas en cultivos mediante el biocontrol. “Incorporamos bichos para hacer acciones de depredación o de parasitismo sobre plagas que afectan la agricultura”, amplía el ingeniero agrónomo.
En la actualidad, la compañía trabaja con cuatro insectos para biocontrol y un polinizador. Brometan tiene presencia en cuatro provincias y abastece a cientos de hectáreas de cultivos de tomate, pimiento, berenjena, pera y manzana. Entre las ventajas del biocontrol, Silvestre enumera el menor impacto ambiental y la economización en la aplicación. Además, aclara que la introducción de estos seres vivos en los cultivos no genera desequilibrios en el entorno.
Todo comenzó en 2007, cuando la compañía inició los primeros proyectos con insectos traídos del exterior. Sin embargo, debido a que la importación era dificultosa, advirtieron que era necesario construir una biofábrica para criar los organismos directamente en el país. “Al principio importábamos bichos y sabíamos bastante poco”, admite Silvestre, quien cuenta que fue el contacto con la empresa belga Biobest lo que dio impulso al negocio del control de plagas. “Ellos nos orientaron”, describe al mencionar la firma que lidera el desarrollo de biocontroles. Incluso, hace un mes la firma Biobest ganó el Premio a la Innovación GreenTech en Bélgica por su producto Micromus-System, un depredador generalista para cultivos protegidos.
Entonces, en 2012 se fundó Biobest Argentina, que construyó la planta para insectos. En tanto Brometán hace el desarrollo del producto y los lleva a los cultivos. “A partir de la biofábrica, el biocontrol ganó en dinámica, elasticidad y capacidad de respuesta de problemas”, señala el especialista.

La diferencia entre el control biológico y el químico
“Soltamos ácaros e insectos que comen la plaga. No se trata de algo orgánico, sino de agricultura biológica”, diferencia Silvestre y agrega: “Lo que se hace es meter un bicho y bioinsumo en reemplazo de agroquímicos, aunque no en su totalidad. Por ejemplo, no se reemplazan los fertilizantes, pero el manejo sanitario se suaviza mucho más”, plantea.
Entre las ventajas, Silvestre enumera el cuidado del medio ambiente. “Para calcular el impacto ambiental, se suma las aplicaciones que se hacen, entonces, cuando usamos bichos, ese impacto cae dramáticamente frente a su par químico. Realmente estamos haciendo las cosas bien”, insiste. Además, señala la importancia de mantener la plaga bajo control. “Nosotros inoculamos una pequeña cantidad de bichos con el objetivo de generar un equilibrio. A la plaga no la erradicás sino que la mantenés bajo control. Entonces, la población de la plaga baja y no afecta la calidad del cultivo ni de la cosecha. Puede levantarse un poco y recuperarse, pero la tendencia es hacia abajo”, observa. En este sentido, distingue este tipo de control del sistema químico tradicional, donde en los casos de plagas complicadas, la tendencia de población es creciente y cada vez menos eficaz: “Ahí, la población de la plaga sube o baja de acuerdo a la aplicación del agroquímico, pero si es una plaga agresiva, a menudo, cada nuevo pico de población es superior al inmediato anterior. Entonces la tendencia de la población de la plaga es creciente y se genera resistencia al químico”.
En relación a los costos, Silvestre asegura que el biocontrol no es “necesariamente más caro que los agroquímicos”, gracias a su economía de aplicación. “Con agroquímicos tenés que consumir gasoil y conseguir maquinaria, trabajadores. Es una pequeña operación de rutina, pero que cuesta. En cambio, a los bichos los soltás y ellos hacen”, ejemplifica. Si bien admite que, en relación a un agroquímico, el producto biológico es más caro y se necesita una mayor capacitación, el costo de aplicación lo “equilibra”. A su vez, resalta que durante todo el cultivo hay un acompañamiento profesional. Desde la empresa los guían y visitan semanal o quincenalmente.
Entre las “desventajas”, está la metodología de aplicación, que en el caso del biocontrol es más preciso. En cambio, los fitosanitarios de base química tienen mayor versatilidad en su aplicación y guarda. “Si está lloviendo, si hay viento, si hay sol..los agroquímicos funcionan casi siempre. Se puede usar la botella por la mitad y volver a usar en seis meses. En cambio, el bicho no funciona así, porque no se pueden conservar. Cuando los recibís, los tenés que soltar. Son altamente perecederos y no se pueden guardar dos meses”.

Los productos de la empresa y el mercado actual
La firma trabaja con cuatro insectos de biocontrol (de los cuales tres son criados en el país y el cuarto es importado), y tienen un polinizador. A su vez, integran otros elementos de control de plagas como rollos adhesivos y feromonas.
Además de la producción local, exportan dos insectos a Uruguay, y están trabajando para exportar a otros países y para lograr la autorización de importación de dos organismos desde el país charrúa. En la actualidad, Biobest Argentina emplea a 15 personas en la fábrica, mientras que en el área de sistemas biológicos, Brometan tiene a cinco trabajadores.
La empresa tiene la aprobación de uso en cinco provincias, y está llevando adelante las autorizaciones en otras. “Para soltar cualquiera de estos bichos, el país tiene un régimen complejo, porque se tiene que pedir permiso y conseguir autorización de uso en cada provincia. No es un permiso que dependa del Inta o el Senasa como si fuera un agroquímico. Es una de las grandes injusticias que tenemos frente a los agroquímicos, porque estamos desbalanceados”, asegura.
La compañía abastece anualmente a más de 100 hectáreas de pimiento, 30 hectáreas de tomate, 250 hectáreas de pera y manzana para biocontrol. Asimismo, también vende colmenas para cientos de hectáreas. Respecto de la aceptación de este método novedoso, Silvestre indica: “Desde que nacimos, estamos estables. No hay una clara búsqueda de los consumidores por esta clase de productos o tal vez los agricultores no saben vender adecuadamente lo que están haciendo. Muchas veces el pimiento biológico termina en la misma lógica que el pimiento químico”, se lamenta.


