Francisco Argiró, un joven emprendedor que dejó Buenos Aires para revolucionar el tambo familiar

Anduvo por muchos rubros y, por cuestiones de transición generacional, terminó a cargo del tambo de la familia en 30 de Agosto

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Francisco Argiró, un joven emprendedor que dejó Buenos Aires para revolucionar el tambo familiar
10deOctubrede2022a las10:09

Que el tambo no es fácil es algo sabido, pero también se conoce que es una actividad atrapante, desafiante y que todos los días propone alternativas diferentes, sobre todo en un país como este.

Detrás de cada tranquera hay historias interesantes que nos hacen reflexionar sobre una actividad que es tan diversa como los propios productores.

Criado en 30 de Agosto, una localidad al suereste de Trenque Lauquen, en 2002 Francisco Argiró decide ir a estudiar administración de empresas a la Capital Federal, pero el espíritu emprendedor empezó a ejercer su peso y cuando tomaba fuerza internet y el comercio electrónico hacia ahí fue su intención.

Desde la fabricación y exportación de carteras de cuero, hasta la importación de prensas para aceiteras, fue intentando una y otra vez a medida que las crisis se fueron sucediendo en nuestro país. Con otras iniciativas, viviendo en el conurbano bonaerense, disconforme entonces con una calidad de vida que comenzaba a desdibujarse, fue en 2013 que motivado por situaciones familiares decidió volver a su pueblo “en lo que era un impasse, para dar una mano”.

“En ese momento me encontré con una situación muy distinta a la de 2002, porque en el campo ya había más conectividad, entonces desde el oeste arenoso me dí cuenta que podía seguir conectado, accediendo a cursos y todo esto pasaba pudiendo vivir cerca de la familia y hasta pudiendo organizar un asado en el día, con la calidad de vida de poder vivir tranquilo”. Francisco habla hoy con cierta distancia de su historia reciente, porque los desafíos de lo cotidiano ahora le proponen otras instancias.  

Su padre empezó a pensar en correrse del lugar de decisión en el tambo, para iniciar un proyecto turístico en la Patagonia, entonces “empecé dando una mano, sabiendo yo poco de esto. El campo era de mi abuelo, pasó a mi tía abuela, hasta llegar a mi papá que es ingeniero agrónomo, hizo ganadería hasta hacerse cargo del tambo”, donde con inseminación artificial cambió bastante lo que antes era una unidad productiva chica, pero con sistema pastoril y tambero mediero.

Ya recibido de veterinario, su hermano se suma al trabajo en el campo y fue el padre el que decidió “reapostar al tambo, para invertir y pasar de una sala de ordeño de siete bajadas, a uno de 20, con retiradores automáticos, puerta arreadora, invirtiendo en nosotros”.

Entonces pensando al tambo “como un videojuego, para meterle más computadora”, lo que en 2014 decía Francisco era tener un tablero de control, para poder ver toda la actividad en vivo y de forma conjunta.

El estaba desarrollando un programa para censar los tanques de leche de los tambos, en vivo, que le hizo ganar el premio Agroemprende en 2017, sobre el cual consiguió una patente, que recién se la entregaron este año.

Un viaje a Oceanía de su hermano lo hizo estar de repente a cargo del tambo, “sólo, pero ya sabiendo un poco más del tema, con más experiencia, pero sobre todo sabiendo lo que siempre me dijo mi papá, ´a esto hay que llevarlo despacito, como a un tren, porque te va a llevar tres ciclos aprenderlo y tenía razón´”.

Para aprender las bases mi papá tuvo la paciencia suficiente, nos dió el lugar y fue corriéndose despacio, tuvo esa sabiduría. Lo que para mí fue y es una gran escuela es haberme incorporado a un grupo CREA, entonces desde 2018 llevo adelante el campo, el tambo. Hemos pasado a un sistema con un tablero de control, llevando las dietas online, con cámaras, ahora se viene todo lo que va a ser el monitoreo de los animales y próximamente las puertas apartadoras”.

“Lo primero que hice fue armar un tablero de control, como un videojuego. La cara de mi viejo no fue de aprobación precisamente”, recuerda. “Necesitamos gente acá en Trenque Lauquen que quiera empezar a programar. La oportunidad en el campo es mucho mayor de lo que pensamos”, dijo.

De tres empleados, a los actuales diez, se logró eficiencia, pero empezaron a hacer cambios más grandes. 

Argiró explica que “en 2020 pasamos de un tambero asociado, a armar un sistema de empresa donde cada uno tiene responsabilidades y todos ganan bien, se reparten las tareas, todos tienen vacaciones, descansos, porque apostamos mucho al factor humano, como la clave para retener a la buena gente, para mejorar el equipo y para que esto sea sostenible en el tiempo. Esto es una fábrica arriba del campo, esto no para nunca, con mixers, tractores, silos, inseminación y unos 14 tactos en el año”.

Francisco muestra el entusiasmo en la forma de describir la actividad que hoy es su vida y dónde su hermano, ya de regreso trabaja como veterinario externo, aunque juntos tienen un proyecto de ganadería ecológica en otras tierras.

Junto con una tercera hermana, ingeniera agrónoma, están “pensando en hacer un traspaso definitivo, para conformar una empresa que sobreviva a nosotros, porque el desafío es que no se destruya en la siguiente generación, en la cuarta”. Los Argiró quieren que el tambo sea “la base para la próxima generación, ahora estamos trabajando en eso”.

Cuestión de sistema

Pasaron también de un sistema pastoril a uno semi-pastoril, sin apuntar al estabulado, sino “buscando imcoporar más tecnología a un sistema más amigable. Somos una mezcla, porque tenemos mixers pero para complementar a los animales cuando ya no hay pasto, buscando un promedio de 26 o 27 litros, con buenos sólidos (7,6 por ciento) y también apuntando a litros libres, buscando la eficiencia en costos”.

Son 350 vacas en ordeño las que tienen, con la intención de llegar a cien más por la capacidad del campo, en un rodeo “principalmente holando, con una pintita jersey”, completando el negocio con venta de vaquillonas.

Argiró explica que con el cambio de equipo de trabajo se fueron resolviendo los problemas de mastitis que había para ajustar el funcionamiento.

El próximo objetivo es llegar a instalar puertas apartadoras, “estamos mirando cuál de los sistemas funcionan mejor, porque esto de poder rápido identificar los animales y separar a los que necesitan algún tratamiento, también aporta al factor humano, para mejorar la eficiencia de una manera más ágil. La tecnología viene a ayudar y a hacer el trabajo más liviano, pero al contrario de lo que se piensa, a medida que incorporamos tecnología, necesitamos más gente para manejarlo mejor y tener más eficiencia”.

De esta manera, las cuentas dan mejor y la manera de trabajar no es la de “estar siempre a fondo y apretados, si alguno está apurado es porque algo se está haciendo mal. Nuestra política es respetar los tiempos, vamos despacio, caminando, pero firmes y para adelante, en un ambiente de trabajo lindo”.

Con la necesidad de mejorar el trabajo en la guachera, la inversión será en un vehículo eléctrico, por lo tanto, todo el tiempo se avanza en desarrollos que hace algunos años eran inimaginados para este sector.

Camino a la reutilización de sólidos, con las cavas y un canal ya impermeabilizados, piensan en una producción más sustentable, para reutilizar el agua con el sistema de freshing para el lavado del tambo, mientras que los sólidos irían a una experimentación que se piensa para lombrices californianas y humus para su reparto posterior en el campo.

Pensando también en el compost a partir de desperdicio de forraje y animales que antes iban al cementerio, lo entiende como una nueva manera de devolverle fertilidad a ciertos sectores de la unidad productiva.

A los 37 años decide quedarse en la lechería, crecer, mejorar. “Es una actividad en la que mi papá me dio el espacio para poder desarrollarme, con la paciencia que requiere al principio, pero con la libertad como para poder innovar; pero también esta es una actividad desafiante, que no es para cualquiera, que requiere muchísima energía, pero cuando le ponés corazón, le dejás una parte tuya. Más allá de la tierra ser nuestra, de la familia, de mis hermanos, el tambo es algo que yo estoy haciendo, algo en lo que yo estoy generando, creando”.

Para muchos los trabajos que se disfrutan son los que todos los días proponen cosas nuevas y la lechería si bien tiene cierto orden, lo cotidiano siempre sorprende.

“Es imposible aburrirse, porque esto no termina nunca, siempre hay cosas nuevas para hacer, porque cuando damos un paso siempre tenemos otras cosas para hacer”, explica Francisco, aunque también sabe que “si no vas despacio, a esto es muy difícil frenarlo y te lleva puesto, porque es una actividad intensa”.

Francisco es emprendedor y decidido, por eso para él “tenemos que llegar a un tambo con una producción más amigable en el trato con el suelo, donde la incorporación de tecnología y robótica va a permitir una transición para pegar un salto para cuidar el suelo vivo y así poder prolongar la actividad en el tiempo”.

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