La vida y las anécdotas de Grego Leguizamón, un jinete multicampeón que hasta triunfó en el exterior: "Viví cosas que no llegué a imaginar"
Tras consagrarse campeón en Uruguay y en Brasil, y recorrer toda Argentina cumpliendo sus sueños, hoy va a las fiestas con su tropilla de ponis y comparte con niños y jóvenes los conocimientos y la pasión por las jineteadas

“Si no sintieras nada no lo harías”, cuenta Gregorio Leguizamón sobre jinetear, mientras se apoya en la maroma donde estaban sus ponis formados. “Es un ansia, una adrenalina que te olvidas de todo y a la vez pensas en todo, tomas decisiones de qué piruetas hacer mientras el caballo corcovea, para lucirte, y ahí está la elegancia del jinete… y por ahí no te sale, obvio, por eso nos caemos los jinetes”.
Por las venas del Grego Leguizamón galopa sangre de jinete
El atardecer cae en la isleta de monte cercana a Villa Concepción del Tío, en Córdoba, donde el Grego tiene sus caballos. “La decisión es lo primero, tenés que estar concentrado porque es algo serio lo que hacés, es muy riesgoso, porque no sabés, un caballo sale, se cae para atrás y te aplasta y te mata. Pero no lo pensás… Las veces que gané, son muchísimas menos que las que perdí, que las que me caí, pero ese es el camino, así se aprende… Yo no siento miedo cuando voy a jinetear, pero siento nervios, me comen las ganas aún después de tantos años”.

Tiene 37 años, vivió en el campo hasta los 18, y lo suyo fueron los caballos y las jineteadas desde el principio. “Desde que tengo uso de razón sufrí de los oídos y mi medicina eran los caballos, dicen que lloraba todo el día y me mostraban un caballo y se acababa el dolor”, cuenta el Grego.
“Mis papás, puesteros de toda la vida. Mi papá siempre fue un hombre muy conocedor de campo y siempre me aconsejó y me incentivó, pero él no andaba en el palenque porque él no montaba y no sabía, por eso prefirió que alguien con experiencia me acomode, me enseñe… y me daba con todos los gustos: tenía un poni, un aperito lindo, la ropa, me compraba revistas de jineteadas… Esto es una pasión”.
¿Cómo nace un jinete?
Grego recuerda: “Un nene tiene 3 años y ya está montando un balde, a mí mi primo Mauro me hacía jinetear en un balde que ataba atrás de su bicicleta… de eso se salta a la oveja, de la oveja ya están los ponis, los terneros… Yo a los 7 años ya montaba ponis, y monté hasta los 9, porque mi papá que en una monta vio cómo un poni me bajó, me tiró una patada y me erró muy cerca de la cabeza, me dijo: 'No me hagas sufrir más, yo no te dejo montar más'. Y no me dejó montar de los 9 a los 13, así que perdí muchos años de carrera, porque yo nunca le mentí a mi papá, nunca fui travieso de que si iba a un campo iba a montar, no, tenía que tener el permiso de mi papá, y no lo tenía entonces no montaba. Pero mi pasión seguía y era cada vez más".

"Cuando tenía 13 años, se hacía una jineteada en una escuelita de campo en el paraje La Cortadera, al suroeste de El Tío, y Tatin Gigena, un hombre de la Villa que tenía caballos que iban a las jineteadas, me dijo: '¿Querés montar?', porque me veía con ganas. Le dije que sí quería, pero que mi papá no me dejaba, y este hombre, que le agradezco, fue y le insistió a mi papá, y mi papá le dijo: 'Bueno, que vaya y monte para que se saque las ganas, pero que no monte más'", repasa y agrega: "Fuimos en sulqui, salimos a la madrugada, y se hacía interminable ese camino para el gaucho lleno de sueños… Fui y monté, y me vieron que tenía algo, que no era como todos los nenes, yo me sentaba bien en el caballo, yo sabía lo que iba a hacer, y lo jinetie bien, entonces qué… ahí sí que entró mi pasión a crecer… en una jineteadita en una escuelita con 20 personas, pero yo fui tan feliz, y bueno... volví a mi casa, y mi papá me dice: 'Era eso nomás, hasta los 18, y usted después haga lo que quiera'. Así que de los 13 a los 18 tampoco monté”.
A los 18 años el Grego le dijo a su papá Carlos “El Pulga” Leguizamón que iba a montar, y el hombre asintió, le deseó suerte y fue su apoyo todos estos años.
Grego recuerda: “Cuando montaba los ponis me acomodaba un hombre que era muy jinete, muy famoso en ese tiempo, Andres 'Quinoto' Kin, porque hay que ir con un compañero al palenque, y con un chiquito sin experiencia siempre va alguien con experiencia a enseñarle y decirle todo lo que tiene que hacer. A los 18 él me dijo: 'Te llevo a una jineteada, vas a montar'. Fui y un tropillero de renombre me dio un caballo, y no gané pero lo jinetié bien, entonces me dijo: 'El fin de semana que viene tengo una jineteada en las sierras'. Y pensé: 'Lo que debe ser ir a montar a las sierras, entre las montañas, una foto ahí…', algo que para mí era increíble y lejano, pero en ese momento era ir a las sierras… fui y gané, a la segunda monta ya gané”.

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“De chico, a mí me gustaban los versos, las milongas, y había un hombre de Buenos Aires, Emanuel Rosas, que escribe mucho y es un buen recitador y milonguero, y le hizo una milonga a su hijo, un jinete muy famoso y muy groso, que falleció cruzando a nado un río. Mi papá que, aunque no me dejaba montar, me llevaba a las jineteadas, en una fiesta me compró un casete de él, y yo en la semana en el campo lo escuchaba, y escuchaba la milonga del hijo en la que el padre contaba la historia del chico como jinete, y en una parte decía: 'Tuvo su tiempo de gloria, fue jinete de valor, sus garras de montador las puso en cada trofeo, y el Prado de Montevideo lo vio en la vuelta de honor'". Eso le quedó grabado: “¿Vos sabes lo que debe ser tener trofeos, y llegar al Prado de Montevideo, viajar, ir a jinetear a Brasil…"?, pensó. "El Prado de Montevideo es lo más grande de la jineteada y se hace en Uruguay, en Montevideo… y hoy tengo una foto con el trofeo en el Prado de Montevideo, lo gané en 2019, fui uno de los ganadores de la fiesta, de los 5 mejores jinetes".
Para un jinete llegar a ese lugar, que te inviten al Prado ya es un honor, y además ganar, entrar en premio, es aún más importante y es lo que ayuda a juntar jerarquía. “Ah, es un montador del Prado”, dicen. "Gracias a eso, a Uruguay lo recorrí a todo, fui a todos los departamentos del país, es mi segunda casa Uruguay, iba fin de semana de por medio", destacó.

"La primera vez que fui, fui con un chico que me dijo: 'Vamos a ir a la casa del hombre que más caballos tiene en Uruguay', y cuando llegué, el hombre me preguntó: 'Y usted, ¿espanta la gata?', como diciendo si era bueno o no. 'Me defiendo', le dije, y me señaló a la yegua que me iba a dar. Monté y gané con esa yegua buena que él tenía, y este hombre tenía un caballo que era re famoso, el Pampero Gonzalero, el caballo más famoso del país, y me dijo: 'De premio usted la próxima vez que venga va a montar el Pampero'. 'No', le digo. 'Sí, usted lo va a montar'. Lo monté y gané. Con ese caballo gané 5 veces, fui el jinete que más lo montó en Basto, mi categoría. Montar a ese tremendo animal me abrió las puertas de Uruguay y llevó a que todos me conocían por los videos. Era un caballo overo con las crinas largas, abría la jeta, levantaba las manos, era muy llamativo, se prestaba a que pudieses lucirte… era un caballo espectacular, de indio, le hicieron letras los poetas, fotos hay en todo el mundo. Hace poco murió y todo el Uruguay compartió sus fotos y videos, la gente va y le lleva flores al caballo, imagínate si habrá sido famoso, y yo estoy en una foto montándolo en un homenaje que le hicieron", relató.
"Tengo mi casa propia y fue gracias a ese potro, y como ese, muchos caballos me han dado muchos premios. El caballo El Gringo Loco, de San Francisco, también me ayudó a hacerme la casa, porque ganaba todos los fines de semana con ese caballo. Ganaba, ganaba, ganaba, y lo montaba otro y capaz que no hacía lo que hacía conmigo, y yo ganaba, y el dueño me lo daba a mí nada más", añadió.
Eso que Grego soñaba con esa milonga que escuchaba, con el tiempo llegó: "Uno piensa que sin apellido no podés llegar, pero el niño del interior, de la Villa, llegó a Montevideo, y a Paraguay, Chile, Bolivia, pero nunca dejé de soñar y de andar, cansaba a los tropilleros, los hartaba pidiéndoles que me dieran un caballo para montar y ellos me decían: “Háblame la semana que viene”, porque claro, no tenías apellido ni nombre, y si te daban, te daban el peor caballo y ya está".

A partir del Prado de Montevideo, se consagró bicampeón en Brasil, y así lo recuerda: "Estaba en Uruguay y viene una tropilla de Brasil que tenía una yegua que se llamaba Trasnochera, muy nombrada, y me toca uno de los 8 días de jineteada, y empezaron los comentarios: que era mala, brava, y que había bajado a muchos jinetes. El dueño, Felipe Vaz, me dice: 'Ojalá tengas suerte amigo, porque es muy buena la yegua', porque a ellos les conviene que hagas muchos puntos porque ellos compiten también con la tropilla, les conviene que el caballo ande bien y que no me caiga ahí nomás... Cuando estaba por jinetearla no sentía miedo, pero estaba preocupado, y Fredy Gatica, bicampeón de Jesús María, que era mi ídolo de chiquito y veía sus fotos y sus videos jineteando, vino y me dijo: 'Grego, viejo, no cambies nada eh… seguí como vos jineteás que sos campero', porque yo ya pensaba, si yo siempre estribo largo a lo mejor con esta lo agarro más corto… y le hice caso. Salí con unas ganas y entré en premio, y él también. Esa monta me llevó a hacerme amigo del dueño de la yegua, que me dijo: 'Gregorio, tenemos una fiesta grande en Brasil y hay dos caballos muy nombrados y premiados y quiero que vos vayas a montar', fui y monté esos dos caballos y con los dos gané. Y en 2020 y 2021 fui campeón en la fiesta solidaria más grande del estado de Río Grande do Sul, la '“Espora Solidária de Quaraí', con Confronto y con Carta Blanca, y con los dos di vuelta de honor, que se le otorga al jinete cuando la monta fue buena, y uno da una vuelta por el campo de la doma con una bandera, saludando al público que está disfrutando del evento. En Brasil también monté los caballos de Alvim de Quadros, que son los más premiados del país. Actualmente voy y monto a los mejores caballos y sigo ganando. Una o dos veces al año seguro voy a Brasil”.
Jesús María, el anhelo por llegar
“Antes llegaba enero y lloraba, porque era mi sueño ser campeón en Jesús María, pero ahora ya estoy tranquilo, en edad y físicamente estoy bien para conseguirlo, pero lo solté. Adrián Fernández, bicampeón de Jesús María, una vez me dijo: 'Vos sabes que yo era como vos… olvídate de Jesús María, yo lloraba así como vos de la desesperación y las ansias porque no se me daban las cosas, y hoy soy dos veces campeón'", comenta Grego.
Pero así es el deporte, todavía no llegó, y no por falta de capacidad, sino por un poco de mala suerte: "Soy elegido por la Provincia de Córdoba para estar en las finales, porque la provincia elige a los jinetes con trayectoria, con más premios ganados, y eso va a un campeonato previo que se hace cerca de fin de año, son 4 fechas. Este último año se me cayeron 3 caballos, imagínate la suerte, se cayeron y al caerse los caballos, son 0 puntos. Estuve en 8 finales ya, pero no se da, el caballo se cae, el caballo se para, y no podés hacer nada... Entonces si se da, se da, y si no, está bien, le saqué la ansiedad porque ya cumplí tantos otros sueños".
Gregorio repasa: "Montaba ponis de chico y cuando tuve a mi hija mayor, hace 17 años, le dije a mi papá: 'Voy a tener una tropilla de ponis', y hoy en día tengo mi manada de 30 ponis, 'Los Gurises'. Y yo soy un pobre, pero me siento millonario, ver este atardecer y a los ponis acá y poder decir que estamos saliendo a muchísimos festivales grandes a donde los contratan, y cobro bien porque tengo jerarquía, porque ellos son famosos porque ya son profesionales y tienen su genética… Y sigo jineteando, una vez al mes seguro, o más. A veces me dicen que soy suertudo porque me llaman para jinetear, me pagan los gastos, me dan donde hospedarme y me preguntan cuánto les cobro, pero no fue suerte, yo luché y sembré, y ahora uno cosecha".

El niño que iba a las jineteadas y disimuladamente le tocaba las botas de potro a los jinetes, las espuelas, y pensaba: “Como no tener esa suerte”, hoy vive eso con los niños que se le acercan en las fiestas. “En una jineteada en Arroyito unos nenitos me rodearon y empezaron a mirarme, y me vi en esos nenes, eso hacía yo, así que les dije: '¿Me quieren llevar las pilchas hasta el palenque?', y ellos chochos, estaban esperando eso, cargaron todo y salieron. Me hicieron acordar a cuando yo acarreaba ilusionado las pilchas en la fiesta de la Villa, como ellos, y hoy soy el coordinador general del campo de jineteada de esa fiesta”.
Anocheció en el monte y Williams, un niño de 12 años, se acerca a preguntarle al Grego si le presta un caballo para ir al pueblo. Antes, a la tarde, estuvieron jineteando y practicando, y Williams cerró la jornada con la última monta.
“Él vive en el campo y me recuerda a mí, porque tiene esas ganas, le gusta ir al pueblo para verme a mí, y yo le doy lo mejor, nosotros tenemos experiencia, le vamos diciendo, no le damos ningún animal que sea malo, él se incentiva, se queda con ganas acá. Si le doy un caballo más profesional se puede pegar un golpe y lo va a hacer sentir miedo. Entonces él con esos saltitos queda entusiasmado y va aprendiendo… Acá nos juntamos siempre que podemos a jinetear con chicos del pueblo a los que les gusta esto, que son jinetes también, como Pachi Maine, Campeón en Jesús María, que ahora vive en la Villa y somos muy compañeros. Para colmo, uno de mis trabajos es acopiar caballos, compro caballos, y travieso uno, llega un caballo chúcaro y lo montamos. Es una pasión… Yo también monto, pero por ahí ya no lo hago tanto porque son años, cuando era más chico llegaba a montar 15 potros en el día, entrenando, montando y montando. A eso se lo dejo ahora a los chicos”, señala Grego.

30 años pasaron desde su primera monta, y tiene videos de ese momento porque Don Carlos Giordani, el patrón del campo donde trabajaba su familia, tenía una cámara, y cuando el “Bajito”, como le decían a Grego, iba a jinetear, él lo seguía y lo filmaba.
“Mi papá le avisaba que el domingo íbamos a una fiesta y él le respondía, 'Vamos', por eso tengo todas esas montas grabadas. Me sacó fotos enlazando un ternero, él daba la orden para que yo pueda jugar con los terneros en el campo, entonces él al verme hoy, que seguí con el sueño, se emociona. En ese video, se ve que hice la vuelta de honor, en la primera monta de mi vida, y se escucha al relator Daniel Fassi, el de Jesús María, diciendo: 'Atención que acá está el futuro señores'. Uberfil Concepción, un payador tremendo, también dijo: 'Cuando seamos viejos lo veremos jinetear y recordaremos este día'. Con los años con los dos tuve una gran relación y viajábamos juntos a las fiestas, incluso a Uruguay con Uberfil. Por eso miro para atrás y digo: “Páa, que llegué lejos…”. Fui cumpliendo todos mis sueños y viví, incluso, cosas que no llegué a imaginar”.
Fueron los caballos, para el Grego siempre fueron las jineteadas, y los caballos.
A continuación, una charla del canal de Youtube de Milton Pino junto a Grego Leguizamón:

