Tiene 20 años, creció entre papas y armó una plataforma para que los productores dejen de vender “de palabra y por teléfono”
Santino Calcaterra creó Alagro junto a los fundadores de Alprestamo; la plataforma envía un inspector al lote antes de cargar el camión, para que el comprador conozca la calidad de la papa sin esperar a que llegue a destino
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Cargar un camión con 28 toneladas de papa en un campo de Tucumán, Córdoba o el sudeste bonaerense y enviarlo a un depósito a más de 1.000 kilómetros de distancia sin certezas contractuales fue la norma histórica de la actividad.
Bajo la modalidad tradicional de acuerdos telefónicos y de palabra, el comprador recién descubre la calidad de la mercadería cuando se abren las puertas del camión en destino. Si el producto no coincide con lo conversado, la rutina derivaba habitualmente en llamados cruzados, reclamos sin documentación respaldatoria y camiones parados que generan pérdidas por hora para la cadena productiva.

Para dar una respuesta operativa a esta problemática en un sector que mueve 80.000 hectáreas, produce cerca de 2,8 millones de toneladas anuales y moviliza más de 200 camiones diarios, nació Alagro.
La plataforma fue concebida por Santino Calcaterra, de 20 años —quien creció en el sector junto a su padre Fabio Calcaterra, de extensa trayectoria en la industrialización y desarrollo agrícola de la papa—, en sociedad con Julián Sanclemente, Pablo Blanco y Santiago Peralta, fundadores de Alprestamo, el marketplace de productos financieros.

La herramienta funciona como un ecosistema de gestión para la comercialización agropecuaria que conecta de forma directa a productores con industrias, supermercados, mercados concentradores y mayoristas de todo el país.
La clave del sistema radica en trasladar el control de calidad a la propia tranquera del campo. Al momento de publicar la oferta, el productor informa la variedad, cantidad, ubicación y presentación de la mercadería.

Antes del despacho, la empresa envía un inspector propio al lote para evaluar técnicamente parámetros como calibre, variedad, presencia de defectos, presentación y volumen real.
El informe queda cargado en la plataforma para que el comprador lo revise en tiempo real antes de autorizar el viaje. Si el lote no satisface los requisitos pautados, la mercadería no se carga, evitando fletes inútiles y disputas comerciales en el punto de entrega.

Sobre esta transformación en la cadena, Sanclemente destaca: “La papa se sigue vendiendo como hace 50 años, de palabra y por teléfono, en un país que exporta tecnología al mundo. Eso no resiste más. Vinimos a cambiarlo de raíz”.
Asimismo, la operatoria estipula que las condiciones relativas a la tolerancia de merma, el flete y los plazos para realizar reclamos queden fijados en el sistema con anterioridad a la carga.

Para operar, la herramienta exige la validación sanitaria del productor mediante el RENSPA activo e identidad fiscal, construyendo además un score comercial basado en la calidad histórica entregada y el cumplimiento de las inspecciones.
Sobre la necesidad de incorporar estas herramientas operativas en la actividad, Calcaterra sostiene: “Nuestro objetivo es que la próxima gran venta de un productor venga de un comprador que todavía no conoce. Que el que produce bien pueda mostrarlo y crecer, sin depender de a quién conoce”.
