El productor que transformó su campo porque sintió que estaba haciendo todo mal: "Fue un shock, pero necesario”
En el Congreso Aapresid 2025, se conocerá la historia de un productor de Lobería que desafió los esquemas tradicionales: apostó por cultivos especiales, se convirtió en proveedor de servicios y eligió vivir en el campo para fortalecer el tejido rural
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Del 6 al 8 de agosto, el Congreso Aapresid “Código Abierto” será nuevamente el epicentro del pensamiento agropecuario argentino. Entre los testimonios que prometen dejar huella se encuentra el de Sean Cameron, productor de Pieres, en el partido bonaerense de Lobería, que lleva adelante un modelo productivo que rompe con la lógica tradicional del campo argentino.
Lejos de ser un caso común, Cameron representa a una nueva generación de productores que combina innovación tecnológica, mirada internacional y una fuerte convicción por la vida rural. “Si tengo un cuento por contar, es justamente ese: hago muy poco de lo tradicional”, resume con claridad.
En su campo se cultivan maíz semillero, trébol blanco, maíz dulce y otros cultivos especiales, bajo una estrategia productiva basada en la diversificación y el riego. Pero lo suyo no es solo una transformación técnica: es también una elección de vida, una manera de entender la producción y el arraigo.
De Escocia a Lobería: una historia que cruza continentes
La historia de Sean empieza mucho antes de su llegada al campo. Su bisabuelo, nacido en Nueva Zelanda y criado en una familia escocesa, se instaló en Argentina en 1890 tras trabajar dos décadas en la Patagonia. La conexión familiar con el campo se mantuvo viva hasta hoy.
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Aunque nacido en Argentina, Cameron estudió en Escocia y se graduó como ingeniero químico en la Universidad de Cambridge. Volvió al país en 1993 y se sumó al establecimiento familiar justo cuando la siembra directa comenzaba a transformar la agricultura. “Yo venía sin preconceptos. Estudié otra cosa y eso me ayudó a tener la mente abierta”, contó.
Esa apertura fue clave para su evolución: “Fuimos a un Congreso Aapresid en el 93 y salimos diciendo: todo lo que hacemos está mal. Fue un shock, pero necesario”.
De productor de commodities a proveedor confiable de alto valor
Cameron dio un giro radical: dejó de enfocarse en commodities y transformó su campo en una unidad de servicios con alto grado de especialización. “Tengo muchos equipos de riego. Eso me permite ser confiable, garantizar producción. Y cuando sos confiable, te miran distinto”, explicó.
Los números son contundentes: mientras un maíz bajo riego puede facturar unos 2.500 dólares por hectárea, la semilla que se produce con riego puede alcanzar los 30.000 dólares por hectárea. “Ahí la discusión sobre la renta es otra”, afirmó.
“Vivimos en el campo”: una filosofía que va más allá de producir
Pero el modelo Cameron no se entiende solo desde lo económico. Su campo es su hogar. Junto a su esposa canadiense criaron cinco hijos allí, tres de los cuales ya se están involucrando en el proyecto. “Si la gente no vive en los campos, no hay comunidad rural”, asegura. Para él, la presencia activa del productor en el territorio es clave para sostener la vida rural.
Viajes, aprendizajes y una mirada global
El productor visitó Nueva Zelanda y el estado de Washington en EE. UU., experiencias que expandieron su visión: “Volvés con ideas muy distintas de las que manejamos en la Pampa Húmeda”. Ese capital intelectual se refleja en cada decisión de su modelo.
Compartir para construir
Su participación en Aapresid será dentro del eje “Sistemas Integrados”, donde se destacará cómo la diversificación y la integración permiten pensar nuevas formas de producir. Pero también nuevas formas de habitar el campo.

“No se trata solo de producir más. Se trata de estar, de participar, de construir comunidad y pensar diferente”, afirmó. Su historia es una síntesis perfecta de cómo la innovación no siempre es una app o una máquina: muchas veces, es una manera de vivir y producir que apuesta por el largo plazo.
