Las cámaras que predicen el ánimo de las vacas, cada vez más cerca del tambo: las "lecherías inteligentes" ya no son ciencia ficción y así lo cuenta un experto argentino

En el marco de FARO 2025, un experto de Lely Argentina explicó cómo la inteligencia artificial, los sensores y la automatización están transformando la producción lechera; cámaras que anticipan partos, collares que detectan emociones y robots que gestionan cada ordeñe marcan el ritmo de la innovación

21deOctubrede2025a las17:50

“La vaca en el sistema es una máquina que genera información”, resumió Juan L. Monge en FARO 2025, el evento organizado por Agroactiva y Puerto Norte que se focalizó en la inteligencia artificial, a inteligencia humana y la natural en el agro.

La tecnología en el tambo: "El gran desafío es analizar rápido los datos"

En los tambos modernos, cada animal está acompañado por collares, robots, medidores de leche y mixers que registran cuánto come, cómo rinde y cómo se comporta. Pero el desafío, señaló, ya no está en medir, sino en procesar y reaccionar más rápido ante los datos.

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“Ordeñamos leche dos o tres veces por día. Si hoy tengo una baja en la producción, empiezo a mirar para atrás qué cambió. El objetivo es anticiparnos al problema antes de que ocurra”, explicó.

Esa capacidad de control y prevención es el corazón de las “lecherías inteligentes”: tambos donde la información se convierte en decisiones y donde el  bienestar animal es el eje de la productividad. “Cuando te adelantás a los problemas de salud, también ganás en bienestar, porque una vaca sana es una vaca más longeva y rentable”, agregó.

datos en un tambo lely

Cámaras que detectan emociones y predicen partos

Monge adelantó que las próximas innovaciones en lechería apuntan a la interpretación visual del comportamiento animal. “Los nuevos sensores y las cámaras empiezan a ver cómo está la vaca: si está frustrada, si está emocionada. Hablan de la emoción del animal”, detalló.

camaras en el tambo

En Lely, ya trabajan con prototipos de cámaras capaces de anticipar el momento del parto de una vaca, combinadas con robots y collares inteligentes. “Todo va hacia sistemas que aprendan, decidan y actúen antes que nosotros. La evolución ahora no es sólo mecánica, sino de software e inteligencia artificial”, sostuvo.

lely camara zeta

Robots que ordeñan, alimentan y analizan

La automatización del tambo no es nueva, pero está alcanzando una madurez inédita. Lely, pionera en el rubro, lanzó su primer robot en los años 90 y hoy transita su quinta generación. Los equipos actuales integran inteligencia artificial, conectividad y sensores que leen peso, condición corporal y rendimiento de cada vaca.

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También hay mixers autónomos que preparan y distribuyen alimento, y robots que colectan estiércol. “Hoy recolectan; mañana lo van a analizar”, adelantó Monge. Todo ese flujo de datos se centraliza en sistemas de gestión con interfaces simples, “como las redes sociales”, que facilitan la toma de decisiones en tiempo real.

recolector de estiercol tambo

Medir, mirar y decidir

“Siempre se dijo: para ganar hay que medir, medir y medir. La diferencia es que ahora hemos tercerizado esa tarea en la tecnología”, reflexionó el especialista. “Antes el productor medía; ahora la máquina mide y el humano mira, decide y gestiona”.

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Ese salto libera tiempo, mejora la precisión y profesionaliza la gestión del tambo, pero también abre debates sobre el rol humano en un sistema cada vez más automatizado. Para Monge, lejos de excluir, la tecnología amplía las posibilidades laborales, especialmente para personas mayores o con limitaciones físicas, ya que reduce las tareas de esfuerzo y permite concentrarse en la supervisión y el análisis.

El tambo del futuro: precisión, predicción y prescripción

Monge explicó que la evolución tecnológica en los tambos pasó por tres etapas: descriptiva (“¿qué pasó?”), predictiva (“¿qué va a pasar?”) y, ahora, prescriptiva, donde el sistema propone acciones concretas. “La inteligencia artificial va a decirte: deberías hacer esto. Y en un futuro cercano, probablemente ni siquiera necesite tu aprobación para hacerlo”, señaló.

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Los beneficios ya son medibles: una vaca en un tambo convencional pasa tres horas diarias siendo ordeñada; en uno robotizado, apenas veinte minutos. Ese tiempo extra lo usa para descansar, lo que se traduce en dos a tres litros más de leche por día y una mejor calidad de vida.

Educación y adopción tecnológica

Aún con todos estos avances, la adopción tecnológica en la lechería argentina es incipiente. “Sólo un 3 o 4% de las vacas están robotizadas”, estimó Monge. “Hace falta financiamiento, pero sobre todo conocimiento y docencia, no sólo en la universidad: entre técnicos, productores, comunicadores. Todos tenemos que entender cómo funcionan y qué beneficios traen estas herramientas”.

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El futuro, concluyó, está en conectar bienestar, productividad y sustentabilidad a través del dato. Las lecherías inteligentes ya no son ciencia ficción: son el nuevo estándar del trabajo en el campo.

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