Ver para creer: con descargas eléctricas hacen que las semillas germinen mejor y rindan más
La startup Sylvarum desarrolla una tecnología que aplica impulsos eléctricos a las semillas para mejorar la germinación, eliminar patógenos y revitalizar semillas

En el universo de la innovación agtech, Sylvarum se destaca por abordar un aspecto tan simple como decisivo del ciclo productivo: la semilla.
La startup argentina desarrolla una tecnología de electroestimulación que aplica impulsos eléctricos controlados sobre semillas de distintos cultivos, con el objetivo de mejorar la germinación, eliminar patógenos y revitalizar material que perdió poder germinativo.
“El proceso busca liberar el verdadero potencial de las semillas”, resumió Valentín Ottaviano, chief of staff de la startup.
De la hidroponía al campo
El recorrido de Sylvarum no comenzó directamente en la semilla. La misma tuvo su origen en un proyecto de cultivos hidropónicos, en el que exploraban el uso de estímulos eléctricos para mejorar el desarrollo vegetal.

“Nos dimos cuenta de que el impacto más grande estaba un paso antes, en la semilla”, comentó Ottaviano. Ese cambio de enfoque marcó un punto de inflexión: Sylvarum se reconvirtió, comenzó a trabajar con un equipo de investigadores con más de 10 años de experiencia y juntos pasaron de un modelo experimental a un esquema empresarial orientado a la agroindustria.
Esa transición coincidió con su ingreso a CREA Lab, el programa de incubación del Movimiento CREA. “Fue clave para reestructurar la empresa y acelerar el proceso de validación”, destacó Ottaviano. Durante seis meses, el equipo recibió capacitaciones y mentorías que los ayudaron a consolidar su modelo de negocio, definir objetivos y escalar su tecnología.
“Del Sylvarum anterior al actual solo quedó el nombre”, reconoció el chief of staff de la startup. “Tuvimos que repensar todo: desde el equipo hasta el problema que queríamos resolver”, admitió.
Cómo funciona la electroestimulación
La tecnología que utiliza Sylvarum se basa en un equipo que aplica descargas eléctricas controladas sobre las semillas, y fue desarrollado por el equipo de investigadores liderado por la Dra. Karina Balestrasse y el Dr. Leandro Prevosto.
“Es una máquina por la que ingresa un caudal de semillas; entran rodando por un lado y son expuestas a descargas eléctricas”, explicó el emprendedor.

En el interior del equipo, los electrodos generan un campo eléctrico de altísima tensión. Allí, una mezcla de gases y partículas se carga de energía y choca contra la superficie de la semilla.
“Podríamos decir que se produce una especie de ‘sopa de partículas’ que impacta en la semilla y genera pequeñas microperforaciones en su cubierta”, detalló Ottaviano. “Eso permite que absorba agua con mayor rapidez, y la absorción de agua es el paso número uno de la germinación. Por eso, la semilla germina más rápido.”, detalló.
En el ámbito productivo, Ottaviano explicó que una germinación más rápida permite que la planta se establezca antes, supere a la competencia de los otros cultivos y alcance un desarrollo más vigoroso.
Además del impulso fisiológico, el tratamiento tiene un efecto de esterilización natural. “Esa misma sopa de partículas también actúa sobre los patógenos o insectos que puedan estar en la corteza de la semilla.”, aseguró el chief of staff de la startup.
Ottaviano mencionó que actualmente el equipo de Sylvarum está enfocado en cultivos como soja, maíz, girasol y cebada, por ser los de mayor interés en el mercado, aunque la tecnología puede aplicarse a cualquier tipo de semilla.

“Hoy estamos concentrados en esos cultivos, pero cualquier semilla puede pasar por la máquina y recibir el estímulo eléctrico”, aclaró.
En las pruebas de laboratorio, los resultados fueron consistentes. “Podemos observar los tiempos de germinación. Una semilla puede tardar entre tres y seis días en germinar, y nosotros vemos que realmente germina más rápido. También se reduce la cantidad de patógenos presentes”, sostuvo el emprendedor.
Las evaluaciones a campo confirmaron esos resultados iniciales. Según explicó el integrante de la startup, los ensayos demuestran que el efecto del tratamiento se mantiene durante todo el ciclo del cultivo, reflejándose en una mayor producción de granos por planta y en rendimientos superiores.
Efectos biológicos y validación en el campo
Ottaviano indicó que los efectos del tratamiento sobre las semillas se deben a una combinación de procesos físicos generados por las descargas eléctricas. “Son efectos fungistáticos, lo que significa que el hongo no muere, pero deja de crecer: se congela, por decirlo de alguna manera”, detalló.
Durante la descarga eléctrica se generan diferentes partículas, entre ellas el ozono, un gas ampliamente utilizado en la industria por su capacidad de esterilización. “El ozono está compuesto por tres átomos de oxígeno y, en determinadas concentraciones, puede eliminar organismos vivos. En nuestro caso, actúa sobre los patógenos presentes en la semilla, lo que contribuye a mejorar su sanidad”, precisó.
Esa acción, sumada a la estimulación eléctrica que facilita la absorción de agua, permite que la semilla germine con mayor rapidez y vigor. Así, el tratamiento no solo mejora la implantación inicial, sino que también reduce la carga de patógenos sin emplear productos químicos.
Cómo recibe el sector la nueva tecnología
En cuanto a la recepción de la tecnología por parte del sector, Ottaviano destacó que la validación ha sido muy positiva. “Hablamos con muchos productores y semilleros, y el interés es alto”, señaló. Aclaró, sin embargo, que el usuario directo del tratamiento no es el productor, sino el semillero, ya que es quien procesa y comercializa las semillas con un estándar de germinación garantizado.
“El productor compra una bolsa con una tasa de germinación asegurada, pero no ve cómo se logra ese resultado. En cambio, el semillero sí percibe los beneficios del tratamiento, porque es quien debe alcanzar ese estándar de calidad”, explicó.
Pese a esa diferencia, los productores cumplen un rol clave en la validación. “Hay mucho interés, sobre todo porque esta tecnología no utiliza agroquímicos. En un contexto donde el productor está muy presionado para reducir su uso, hay una apertura cada vez mayor a alternativas más inocuas y sostenibles”, sostuvo.
Según el emprendedor, la participación en el ámbito CREA favoreció el intercambio y la posibilidad de realizar pruebas a campo. “Encontramos una gran predisposición a la innovación. Varios productores nos ofrecieron lotes para probar la tecnología y comparar resultados”, destacó.
Proyecciones futuras
Ottaviano destacó que la participación de Sylvarum en CREA Lab fue un punto de inflexión para la empresa. El equipo se incorporó al programa a comienzos de año, en simultáneo con un cambio profundo en el modelo de negocio: el paso de la hidroponía a la estimulación eléctrica de semillas.
“Fue un proceso de reestructuración total. Cuando una startup cambia su enfoque, también cambia el equipo, los objetivos y el problema que busca resolver. Hacerlo dentro del programa nos permitió acelerar esa transición y hacerlo de manera ordenada”, afirmó.
Durante el proceso, Sylvarum comenzó a trabajar con los investigadores Karina Balestrasse y Leandro Prevosto, especialistas en electroestimulación, y redefinió su rumbo hacia un modelo de trabajo orientado al agro extensivo.
“Del Sylvarum anterior al actual solo quedó el nombre. Seguíamos trabajando con estimulación eléctrica, pero cambiaron muchas cosas y necesitábamos hacerlo rápido. En una startup el tiempo es oro”, sostuvo Ottaviano.
Mirando hacia adelante, el equipo de Sylvarum está concentrado en profundizar la validación de la tecnología en distintos cultivos y regiones del país.
Ottaviano señaló que los principales desafíos actuales de la empresa están vinculados con la validación de la tecnología en distintos cultivos y entornos productivos. Explicó que, incluso dentro de un mismo cultivo como el maíz, existen cientos de híbridos que se comportan de manera diferente, por lo que el equipo trabaja en ajustar la aplicación del estímulo eléctrico y definir una “receta” específica para cada caso.
En esta etapa, la prioridad es fortalecer la base experimental en Argentina, aprovechando la diversidad productiva del país como campo de pruebas. “Argentina es una potencia en el agro y tenemos condiciones ideales para seguir desarrollando esta tecnología. Por los próximos años vamos a enfocarnos en validar resultados en distintas regiones y climas”, señaló Ottaviano.
El chief of staff de la startup, también subrayó un aspecto técnico central que distingue a la innovación: la electroestimulación no altera la genética de la semilla.
“Nuestra tecnología no modifica el ADN, trabaja sobre la misma semilla, solo que estimula sus procesos biológicos naturales. Esa diferencia es clave, porque evita años de regulaciones y facilita la adopción por parte de la industria”, explicó.
Con una base científica sólida, validaciones en marcha y un horizonte de expansión regional, Sylvarum avanza en su objetivo de integrar la electroestimulación al corazón del sistema semillero argentino.

