El histórico y único habitante estable de un pequeño pueblo casi fantasma del campo: “No sé por qué me quedé tanto tiempo acá. Me sentí muy tranquilo”
Aníbal Zorn, el hombre que eligió quedarse en Mapis: la vida en un pueblo que resiste al olvido

Entre vías abandonadas, recuerdos del tren y una escuela rural que mantiene viva la comunidad, la historia de Aníbal Zorn retrata la resistencia silenciosa de Mapis, un pueblo rural del partido de Olavarría que se negó a desaparecer por completo.
A sus 76 años, Aníbal es el habitante estable e histórico de Mapis. Histórico, porque fue testigo del movimiento del tren, del funcionamiento de la estación y de la vida social que giraba alrededor del ferrocarril. Y estable, porque permaneció en el lugar incluso cuando el pueblo comenzó a despoblarse y gran parte de sus habitantes abandonaron la zona.

Mapis: una vida marcada por el ferrocarril
Aníbal Zorn llegó por primera vez a Mapis el 5 de julio de 1966. Venía desde Arboledas —una localidad ubicada a unos 45 minutos—, donde las oportunidades laborales eran escasas y muchos jóvenes debían emigrar hacia otros parajes rurales en busca de trabajo.
Sus primeros recuerdos todavía permanecen intactos: la carnicería del pueblo, el histórico almacén de Ramos Generales frente a la estación y el incesante movimiento alrededor de las vías. Fue en ese entorno donde comenzó a conocer a los vecinos y a integrarse a la vida rural de la zona. Con el tiempo trabajó en agricultura, ganadería y distintas tareas vinculadas al campo. “He hecho de todo”, resumió entre risas.

En aquellos años, el tren de pasajeros conectaba diariamente ambos pueblos y marcaba el ritmo de la rutina laboral. Los lunes viajaban hasta Mapis para trabajar y los sábados regresaban a Arboledas. “Así nos fuimos adaptando y ya me quedé”, contó Aníbal.
Mapis nació alrededor del ferrocarril. La estación —inaugurada junto con el avance del Ferrocarril Sud— era el centro económico y social de toda la región rural. Allí se cargaba hacienda, cereal y mercadería; también llegaban pasajeros.
“Todos los lunes se cargaban entre 14 y 20 jaulas de hacienda para Liniers. Era matemático. Había muchísimo movimiento”, comentó Aníbal.
Según recordó Zorn, la actividad ferroviaria generaba trabajo constante alrededor de los galpones y sostenía gran parte de la economía local. Sin embargo, el cierre del servicio marcó el inicio del despoblamiento: muchas familias tuvieron que abandonar el lugar en busca de nuevas oportunidades.

La Estación Mapis
El origen de la Estación Mapis se remonta a 1912, junto con la llegada del primer tren a la zona. El nombre remite a José Mapis, donante de los terrenos donde fue emplazada la estación ferroviaria. Con el avance del Ferrocarril Sud, el paraje comenzó a crecer alrededor de las vías y allí también nació el histórico Almacén de Ramos Generales, que se convirtió en uno de los principales puntos de encuentro de la comunidad.
“Había almacén, correo, tienda, despacho de combustible… de todo”, recordó Aníbal. Según contó, la estación funcionaba como el corazón social de la zona rural y la llegada del tren era el gran acontecimiento del pueblo.

