La clave para que el maíz rinda más en año de "Súper Niño" y la práctica de bajo costo para ganar más por hectárea

Destacan la importancia de realizar análisis de suelos y ajustar la fertilización para aprovechar el potencial del cultivo de maíz; una nutrición adecuada permite, además, mejorar la eficiencia en el uso del agua y sostener la productividad de un cultivo estratégico para el país

08deSeptiembrede2026a las15:58

El maíz se consolida año tras año como uno de los cultivos más estratégicos de la producción agropecuaria argentina, con una superficie sembrada que en la última campaña superó los 10 millones de hectáreas, y una producción cercana a los 70 millones de toneladas.

Además de su importancia en la generación de divisas a través de la exportación de granos, el cultivo tiene un rol fundamental en el agregado de valor en origen y en la producción de proteínas animales. Su utilización resulta especialmente relevante en los sistemas ganaderos y lecheros, donde el silo de maíz representa más del 40% de la alimentación animal. Por eso, mejorar la productividad y la calidad nutricional del cultivo tiene impacto directo sobre otras cadenas productivas.

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En este contexto, María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de FERTILIZAR AC, destacó la oportunidad que presenta la nueva campaña: “Tenemos agua disponible y genética con un enorme potencial. El desafío es que la nutrición no se transforme en el factor que limite ese rendimiento. Cuando las condiciones acompañan, es justamente cuando más tenemos que conocer qué nutrientes puede aportar el suelo y cuáles debemos complementar para transformar esos recursos en más producción.”

En las últimas décadas, el mejoramiento genético permitió incrementar sostenidamente el potencial de rendimiento del maíz y otorgarle una enorme versatilidad, posibilitando planteos de siembras tempranas y tardías en ambientes productivos muy diversos.

Sin embargo, los especialistas advierten que ese avance genético debe estar acompañado por una nutrición adecuada. Independientemente de la fecha de siembra, el cultivo mantiene sus requerimientos nutricionales y necesita disponer de los nutrientes necesarios para expresar su potencial. Según González Sanjuan, un maíz de 120 quintales de rendimiento tiene un requerimiento aproximado de 260 kg de Nitrógeno y 48 kg de Fósforo como nutriente entre otros nutrientes. Si transformamos esos valores a fertilizante, entenderemos que la brecha de aplicación de nutrientes explica, en gran medida, las brechas de rendimientos. A nivel país y en promedio, cosechamos un 30% menos del grano de maíz que podríamos cosechar.

Actualmente, la reposición de nutrientes en los sistemas agrícolas argentinos continúa siendo inferior a la extracción que realizan las cosechas, lo que genera balances negativos en nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo, azufre y zinc. En la última campaña, se repuso menos del 40% de los principales nutrientes exportados con los granos. Esta situación contribuye a ampliar las brechas entre los rendimientos actuales y los que podrían alcanzarse mediante un manejo nutricional balanceado.