La Cuota Hilton, en un momento decisivo.

No existen reglas claras, sencillas y estables para la distribución de la cuota Hilton, los cortes de carnes que se exportan a Europa...

28deMayode2005a las09:35

No existen reglas claras, sencillas y estables para la distribución de la cuota Hilton, los cortes de carnes que se exportan a Europa. Un proyecto de Ley, con media sanción del Senado y otro muy similar del Poder Ejecutivo son pasos muy importantes, pero: ¿Serán suficientes? Desde hace casi 7 años "se exprime tanto a la cuota Hilton que, en lugar de exportar cortes de alto valor, se terminará vendiendo jugo o extracto de carne". Abundan interpretaciones y falsos dilemas, contribuyen exitosamente a que el tema sea cada vez más oscuro e insoluble. Estos falsos dilemas son, entre otros:

a) La cuota es de los frigoríficos, de los productores o del Estado;

b) es de los grandes exportadores o de los medianos;

c) es para zonas dónde existen más animales gordos o donde prevalece la cría y el engorde;

d) tienen prioridad las plantas que están cerca de los puertos o lejos de los mismos;

e) son para empresas nacionales, extranjeras o multinacionales;

f) se distribuía mal antes, en los 90; pero está bien ahora, en los 2000;

g) tiene que concentrarse en Buenos Aires, Santo Fe, Córdoba o en las provincias menos desarrolladas;

h) tiene que repartir solo el gobierno nacional o también los gobiernos de provincias;

g) las causas judiciales, corresponden al fuero federal o el contencioso administrativo.

Un país serio debería primero preguntarse: ¿La cuota es un beneficio o es un resarcimiento? En la historia está la explicación y la orientación para su abordaje. Los frigoríficos, exportadores y productores no son los dueños de la cuota son, en todo caso, damnificados; y, el Estado tampoco es dueño, sólo es un árbitro a quién la Unión Europea otorgó la atribución para canalizar su "generosa" compensación.

En 1979, durante la Ronda Tokio del GATT, la Comunidad Económica Europea compensó a varios países con la cuota Hilton. Medida que se hizo efectiva un año después y a la Argentina correspondió una cuota anual de 5.000 toneladas. Al poco tiempo, en 1983, dicha cuota ascendió a 12.500 por el ingreso de Grecia a la Comunidad y luego a 17.000 toneladas, por la misma razón, esta vez por el ingreso de Portugal y España. Se llegó a un máximo de 32.625 toneladas en 1994 y seguidamente se estabilizó en 28.000 toneladas por año. En el 2002 se recibió un adicional extraordinario de 10.000 toneladas para compensar, los envíos frustrados por la crisis del brote de aftosa del 2000/01, crisis cuyos responsables todavía están impunes.

El origen de la cuota, como se puede apreciar, ha sido para compensar a exportadores realmente perjudicados. Esos exportadores, que durante la década del ´70 sufrieron competencia desleal, fueron compensados a partir del año 1980. La cuota, entonces, no fue para promocionar el comercio de las carnes, ni para lograr una "razonable" distribución espacial de la actividad, tampoco para salvar a las empresas concursadas ni, mucho menos, para financiar los servicios de la policía sanitaria. Fue y es un resarcimiento, liso y llano.

La cuota Hilton tampoco es un subsidio. Un subsidio es un aporte que realiza el Estado sin contraprestación alguna a un individuo o empresa.

En más de 20 años se cambió tantas veces de criterios, que ahora, ya no se sabe dónde está el punto de referencia, el punto de partida. La mayoría de los actores, gobierno y operadores privados, toman a la cuota como una prebenda; en realidad es un resarcimiento de la Unión Europea por sus políticas proteccionistas. En rigor, se debe resarcir a las empresas operadoras habilitadas sanitariamente por la misma Unión Europea y el SENASA; empresas con sus impuestos y cargas sociales al día y, por sobre todo, que más toneladas de carnes frescas introduzcan (penetren) a esa región

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