Exportación cerrada y bajos precios
La lechería en estado de alerta máximo, ante la falta de correcciones reclamadas y el inocultable estancamiento de la producción durante más de 10 años.

Como otros varios rubros alimenticios, también la lechería entró en estado de alerta máximo, ante la falta de correcciones largamente reclamadas (pedidos que comenzaron en 2005), y el inocultable estancamiento de la producción durante más de 10 años, lapso en el que se mantuvo entre los 10-11.000 millones de litros anuales.
Es inconcebible para muchos que, con los aún muy buenos precios internacionales apenas por debajo de los récords históricos, que hoy rondan los u$s 4.500 por tonelada de leche en polvo, se sigan manteniendo restricciones oficiales sobre la exportación, lo que impide que los valores internacionales se "derramen" sobre la producción local. Este cepo al comercio exterior opera en la práctica como una verdadera Espada de Damocles que, en pocos meses más, puede obligar a un nuevo cierre masivo de tambos ante la falta de rentabilidad, por los comparativamente bajos precios que se perciben en tranquera de tambo.
El círculo vicioso es férreo y puede empeorar si se debilita la demanda interna, hoy casi único sostén de toda la cadena láctea.
Si no se puede exportar y el consumo local se debilita, ¿Qué puede pasar con los excedentes, que además pueden crecer en forma importante?, ¿quién se hará cargo del costo de los stocks?, ¿con qué se van a mantener los tambos y usinas si no venden?
Las preguntas son infinitas, tanto más cuando a la luz de las aún buenas cotizaciones internacionales, y dado que la leche es un alimento central en cualquier sociedad, muchos países (para comenzar, todos los vecinos), emprendieron sendos planes de crecimiento productivo que ya está dando sus frutos con fuertes incrementos de volumen. Así ocurre en Brasil a pesar de las limitaciones agroecológicas que presenta el gigante sudamericano para una producción tan sofisticada y sensible como la lechería.
