Así es por dentro uno de los tambos robotizados más grandes del mundo: un trabajo de 24 horas todos los días del año, con 90 robots y un sistema inédito cerca de la Cordillera

En este tambo modelo no compraron un sistema de ordeño robótico "llave en mano", sino que diseñaron un establecimiento a medida: generan un 10% más de producción de leche, una lactancia promedio más en el rebaño y 40% menos mano de obra

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09deSeptiembrede2026a las09:01

En la región de Los Ángeles, Chile, funciona Agrícola Ancali, un verdadero gigante de la lechería mundial. La empresa cuenta con un rodeo de 9.000 animales en total, 90 robots de ordeño y una producción promedio cercana a los 50 litros diarios por vaca en ordeño. Pero detrás de esa escala hay una decisión que marcó su modelo productivo: en lugar de adoptar un sistema tecnológico “llave en mano”, la compañía desarrolló su propio esquema operativo y de manejo, el Ancali Milking System (AMS), diseñado a medida de su realidad productiva.

La historia comenzó en 2014. Desde 2003, Ancali operaba como una lechería estabulada tradicional que llegó a ordeñar hasta 7.500 vacas (hoy son 4000 en ordeño) utilizando cuatro salas rotativas HBR de 40 puntos de la firma DeLaval. Sometidas a un desgaste productivo extremo por el continuo flujo de animales, las salas cumplieron su vida útil de forma anticipada. Ante la encrucijada de realizar un costoso mantenimiento mayor o dar un salto disruptivo, Pedro Heller Ancarola, director ejecutivo de la compañía, optó por una alternativa diferente a la habitual.

Heller se instaló un año entero en Estados Unidos para estudiar de cerca el comportamiento de la robótica lechera y descifrar cómo adaptar esa tecnología a esquemas de confinamiento de altísima producción. A su regreso, convencido del potencial, firmó un compromiso escrito, asegurando que el nuevo sistema alcanzaría los 45 litros promedio por vaca al día.

La transición no solo cumplió la promesa, sino que superó las expectativas iniciales: la adopción del sistema diseñado en casa, el AMS, generó un incremento inmediato del 10% en la producción de leche, sumó una lactancia promedio adicional por vaca en la longevidad del rebaño y permitió reducir en un 40% la necesidad de mano de obra.

La física del tiempo y la rebelión contra los manuales de fábrica

Uno de los aspectos más novedosos del éxito de Ancali es su abierta discrepancia con los manuales de los proveedores de robótica. Por lo general, los fabricantes sugieren maximizar el uso de las máquinas cargando entre 65, 70 o hasta 75 vacas por robot. Ancali, sin embargo, descubrió que para su rodeo de alto rendimiento esa densidad era contraproducente y decidió operar con un promedio mucho menor: entre 45 y 50 vacas por robot.

La explicación técnica se basa en la gestión del tiempo finito de la máquina. Las vacas de altísima producción (con ordeños que promedian los 18 a 19 kilos por visita) requieren más de 7 u 8 minutos dentro del robot. Si se satura la máquina con demasiados animales, el tiempo diario no alcanza para cubrir la demanda de ordeño voluntario, lo que provoca que las vacas deban esperar en exceso y terminen goteando leche en los patios, afectando la sanidad y el bienestar.

Al reducir el número de vacas por máquina, se logra un flujo continuo, fluido y confortable que apunta a una meta de mediano plazo de 60 litros diarios por vaca con 3,5 visitas voluntarias al día.

En palabras de Pedro Heller: "Aquí la mejor receta es la que tú puedas estudiar y diseñar; el traje a la medida es lo que tú diseñes para tus propios objetivos productivos, priorizando el margen de contribución económica por sobre la capacidad nominal de la máquina".

Tránsito guiado, reproducción de precisión y el "Índice Ancali"

La fluidez de este diseño operativo se sostiene sobre un riguroso sistema de tráfico guiado mediante puertas selectoras inteligentes de un solo sentido (one-way). Las vacas descansan en camas individuales y, cuando voluntariamente deciden moverse hacia la zona de alimentación, deben atravesar una puerta inteligente. El software lee el chip de la vaca y analiza sus datos en tiempo real (días en lactancia, producción acumulada y horas transcurridas desde su último ordeño, en una ventana de 4 a 8 horas).

Si la vaca cuenta con "permiso de ordeño", la puerta selectora la deriva automáticamente al área de espera del robot. Si no califica, la puerta la envía directamente al patio de alimentación, donde accede a la ración parcialmente mezclada y, posteriormente, regresa al área de descanso cruzando una puerta antirretorno que le impide volver atrás sin pasar de nuevo por el control inteligente.

Este nivel de automatización exige un biotipo de animal perfectamente adaptado. Para ello, desarrolló su propio "Índice Ancali" de selección genética, apoyado en el genotipado del 100% de su rodeo durante los últimos años. Este índice selecciona de forma estricta rasgos de anatomía funcional óptimos para el brazo robótico, priorizando la longitud y posición de los pezones, la ubicación de la ubre y un tamaño corporal moderado (descartando las vacas excesivamente grandes que dificultan el ingreso al cubículo del robot).

Gracias a esta selección dirigida, el 45% de las vacas superiores se destina a la reposición de hembras propias, mientras que al 55% restante se le aplica semen de carne para generar cruzas de alto valor comercial, reduciendo drásticamente la tasa de descarte por incompatibilidad robótica.

En el plano reproductivo, el tambo implementa un protocolo sumamente estructurado con un período de espera voluntaria de 70 días. Se inicia con un esquema de doble presincronización seguido de un protocolo Ovsynch para concretar la primera inseminación sistemática entre los días 70 y 75 en leche, logrando preñar a la gran mayoría de las vacas entre los días 110 y 120 de lactancia.

Sostenibilidad y economía circular extrema: el ciclo del purín, la arena y el biogás

La sustentabilidad en Agrícola Ancali no es un concepto teórico, sino un proceso industrial integrado bajo la premisa de que "todo se reusa, todo se ocupa y todo funciona". Los pasillos de los galpones confinados se limpian de manera continua, las 24 horas del día, mediante barredores mecánicos.

El purín recolectado se moviliza por flashing con agua hacia canales sedimentadores centrales, dando inicio a una primera etapa de separación mecánica a contraflujo. Este proceso permite recuperar entre un 85% y 86% de la arena utilizada en las camas de descanso, la cual es lavada, desinfectada y devuelta semanalmente a los cubículos, asegurando confort y un estricto control de patógenos causantes de mastitis.

El purín remanente, ya libre de arena, se bombea hacia gigantescos biodigestores anaeróbicos de 20.000 metros cúbicos de capacidad hidráulica. Tras un tiempo de residencia de entre 15 y 25 días, la digestión genera un flujo constante de 1.100 a 1.200 metros cúbicos de biogás por hora.

Este gas alimenta un motor de cogeneración eléctrica de alta eficiencia que produce energía eléctrica y calorífica para el autoconsumo del plantel y el funcionamiento de su flota de electromovilidad (camiones, buses de personal y utilitarios). Esto permite mitigar directamente las emisiones de alcance 2 de su huella de carbono.

A la salida del biodigestor, el digestato se somete a una separación de fases: la fracción sólida se utiliza como biofertilizante en los campos o se procesa para fabricar bioturba (sustrato para viveros) y pellets de calefacción. La fracción líquida recibe un tratamiento secundario mediante un sistema DAF (flotación por aire disuelto) que remueve grasas y sólidos en suspensión, entregando un fertilizante líquido óptimo para sistemas de riego por goteo, aspersión o pivotes.

Nutrición de precisión y la planta de alimentos Bovifeed

El éxito del AMS está íntimamente ligado a la estrategia alimentaria. De las 6.500 hectáreas totales que posee Ancali, 4.000 hectáreas están destinadas en exclusiva a producir el forraje para la lechería. Esto incluye unas 1.500 hectáreas de ensilaje de maíz (que rinden cerca de 80 millones de kilos anuales con rendimientos de 75 toneladas de materia verde por hectárea), 700 hectáreas de alfalfa para ensilaje (15 millones de kilos) y cultivos invernales de avena-vicia (otros 15 millones de kilos).

Para la cosecha, operan de forma ininterrumpida (24/7) durante un mes con picadoras Class Jaguar, tractores de pisado pesado y camiones controlados de forma exhaustiva camión por camión con mallas de Penn State para asegurar un craqueado perfecto del grano y la longitud de fibra adecuada. "El 50% del éxito productivo es la comida, y nosotros no buscamos volumen, buscamos calidad y digestibilidad", señalan desde el área agrícola.

Para complementar esta ración base, Ancali cuenta con Bovifeed, su propia planta de alimentos concentrados y balanceados con capacidad para 3.900 toneladas mensuales, la cual peletiza maíz (controlando una granulometría estricta de 700 micras para su óptimo aprovechamiento), soja, raps y trigo. Bovifeed produce 15 tipos de pellets formulados a medida para cada etapa de la lactancia.

Estos pellets se dispensan directamente dentro del robot de ordeño (con consumos que oscilan entre 4 y 13 kg por vaca al día) como el incentivo principal para que la vaca acuda voluntariamente a ordeñarse. Además del autoconsumo (que representa el 65% de la producción de la planta), Bovifeed comercializa el 35% restante a otros productores de la zona bajo un enfoque estrictamente técnico: "Nosotros no vendemos lo que no somos capaces de consumir en nuestro propio rebaño; no competimos por precio por kilo, sino por el resultado productivo expresado en margen por litro de leche".

El factor humano: la reunión de las 12 y el diseño de datos para el terreno

La compleja sincronía de Ancali es operada por un equipo de 365 colaboradores estructurados en torno a una trilogía indisoluble: la vaca, la persona y el robot.

Para sostener la cultura organizativa y la mejora continua, de lunes a viernes a las 12:00 del mediodía se realiza una reunión abierta a todo el personal. En esta instancia se analizan de forma conjunta los indicadores y metas productivas en tiempo real.

Lo más revolucionario del sistema de información de Ancali es su enfoque de diseño: los tableros digitales y reportes de control no están pensados para la gerencia o la dirección de la empresa, sino que fueron estructurados específicamente para el uso diario de los operarios en terreno.

A través de filtros sencillos, el colaborador en el galpón puede identificar al instante qué vacas priorizar para el arreo, analizar tasas de rechazo, controlar alertas de mastitis por conductividad o revisar la eficiencia específica de su patio, ayudando al equipo de trabajo para tomar decisiones ágiles.

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