Así es por dentro uno de los tambos robotizados más grandes del mundo: un trabajo de 24 horas todos los días del año, con 90 robots y un sistema inédito cerca de la Cordillera
En este tambo modelo no compraron un sistema de ordeño robótico "llave en mano", sino que diseñaron un establecimiento a medida: generan un 10% más de producción de leche, una lactancia promedio más en el rebaño y 40% menos mano de obra
En la región de Los Ángeles, Chile, funciona Agrícola Ancali, un verdadero gigante de la lechería mundial. La empresa cuenta con un rodeo de 9.000 animales en total, 90 robots de ordeño y una producción promedio cercana a los 50 litros diarios por vaca en ordeño. Pero detrás de esa escala hay una decisión que marcó su modelo productivo: en lugar de adoptar un sistema tecnológico “llave en mano”, la compañía desarrolló su propio esquema operativo y de manejo, el Ancali Milking System (AMS), diseñado a medida de su realidad productiva.
La historia comenzó en 2014. Desde 2003, Ancali operaba como una lechería estabulada tradicional que llegó a ordeñar hasta 7.500 vacas (hoy son 4000 en ordeño) utilizando cuatro salas rotativas HBR de 40 puntos de la firma DeLaval. Sometidas a un desgaste productivo extremo por el continuo flujo de animales, las salas cumplieron su vida útil de forma anticipada. Ante la encrucijada de realizar un costoso mantenimiento mayor o dar un salto disruptivo, Pedro Heller Ancarola, director ejecutivo de la compañía, optó por una alternativa diferente a la habitual.
Heller se instaló un año entero en Estados Unidos para estudiar de cerca el comportamiento de la robótica lechera y descifrar cómo adaptar esa tecnología a esquemas de confinamiento de altísima producción. A su regreso, convencido del potencial, firmó un compromiso escrito, asegurando que el nuevo sistema alcanzaría los 45 litros promedio por vaca al día.
La transición no solo cumplió la promesa, sino que superó las expectativas iniciales: la adopción del sistema diseñado en casa, el AMS, generó un incremento inmediato del 10% en la producción de leche, sumó una lactancia promedio adicional por vaca en la longevidad del rebaño y permitió reducir en un 40% la necesidad de mano de obra.
La física del tiempo y la rebelión contra los manuales de fábrica
Uno de los aspectos más novedosos del éxito de Ancali es su abierta discrepancia con los manuales de los proveedores de robótica. Por lo general, los fabricantes sugieren maximizar el uso de las máquinas cargando entre 65, 70 o hasta 75 vacas por robot. Ancali, sin embargo, descubrió que para su rodeo de alto rendimiento esa densidad era contraproducente y decidió operar con un promedio mucho menor: entre 45 y 50 vacas por robot.

La explicación técnica se basa en la gestión del tiempo finito de la máquina. Las vacas de altísima producción (con ordeños que promedian los 18 a 19 kilos por visita) requieren más de 7 u 8 minutos dentro del robot. Si se satura la máquina con demasiados animales, el tiempo diario no alcanza para cubrir la demanda de ordeño voluntario, lo que provoca que las vacas deban esperar en exceso y terminen goteando leche en los patios, afectando la sanidad y el bienestar.
Al reducir el número de vacas por máquina, se logra un flujo continuo, fluido y confortable que apunta a una meta de mediano plazo de 60 litros diarios por vaca con 3,5 visitas voluntarias al día.
En palabras de Pedro Heller: "Aquí la mejor receta es la que tú puedas estudiar y diseñar; el traje a la medida es lo que tú diseñes para tus propios objetivos productivos, priorizando el margen de contribución económica por sobre la capacidad nominal de la máquina".
