¿Sigue el boom ganadero?

CREA emitió un informe microeconómico con los indicadores ganaderos más destacados: radiografía del sector.

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21deAgostode2018a las08:57

Oferta: Indicadores productivos 

Los datos publicados por SENASA para el 2018 reflejan una disminución en el stock de 0,82% (437 mil cabezas), luego de dos años consecutivos de leve crecimiento. Al desagregar los datos por categoría se destacan algunos puntos a tener en cuenta. Las categorías de engorde (novillito, novillo y vaquillonas) cayeron un 10% en relación al año anterior (1,4 mill de cabezas). Uno de los valores más llamativos es el de novillos con un stock de 2,48 mill de cabezas, siendo este, el valor más bajo de la serie histórica, muy por debajo de las 6,5 mill existencias de 2004-2006. La sumatoria de novillos y novillitos, también se encuentra en un mínimo histórico reafirmando la tendencia de invernadas más cortas que se viene dando en los últimos años. La categoría de vacas creció en un 0,9% y se obtuvieron 749 mil terneros más, amortiguando la caída en el stock total. 

En cuanto a la faena, con datos actualizados hasta junio, se han faenado 1.498.891 t eq. res c/ hueso de carne. En comparación al mismo período del año anterior hubo un aumento del 9,6%, condicionado en gran medida por la sequía que se produjo en los primeros meses del año. Si se considera que la faena mantiene la distribución anual la cifra arrojaría un valor cercano a 3 tn eq. res c/hueso, el más alto en los últimos 3 años. 

Esta mayor oferta a faena se ha explicado tanto por el aumento en la faena de hembras como de machos. En lo que respecta a las hembras, la participación de las mismas en la faena total promedia en un 45% en el primer semestre del 2018 alcanzando un pico de 47% en el mes de junio. Históricamente se ha utilizado este indicador como un predictor de si el rodeo de madres está creciendo o decreciendo; en la mayoría de los años que el porcentaje de hembras en la faena fue mayor a 45%, al año siguiente se dio un período de liquidación con caída en el stock de vacas; por el contrario, porcentajes menores a 43% reflejaron luego períodos de retención de vientres. Hace unos años, con la caída de la participación de los machos en el stock total, estos límites para definir períodos de liquidación o retención se volvieron más difusos por lo que no necesariamente se espera una caída fuerte de vientres para el año siguiente. 

La faena de machos (novillos y novillitos) también fue alta en lo que va del 2018, y de mantenerse la tasa de faena el año podría cerrar con una tasa de extracción de 115%. Esto es un valor muy por encima de lo que se ha dado hasta el momento y se estaría faenando al menos un 15% de terneros nacidos este año comprometiendo aún más el stock de machos futuros. 

Demanda: Mercado interno y exportación 

Si bien el incremento en la oferta de faena se destinó al mercado interno, gran parte ha sido enviada al mercado externo, en dónde se observa un fuerte aumento de los indicadores. 

En lo que va del año el consumo de carne vacuna en el mercado local promedia 58,8 kg por habitante/año, superando los 57,5 kg/hab./año para el mismo período del año anterior. Al evaluar qué sucede con el resto de la canasta de carnes, se detecta que el consumo de carne aviar ha disminuido en los últimos meses hasta alcanzar un consumo en abril de este año de 41,1 kg per cápita. Esto se debe a una reducción de oferta en el mercado interno, observándose una caída en la faena del orden del 8%. Por último, el consumo de carne porcina es de 14,05 kg por habitante por año, representando una suba en la faena de 6,7% frente al mismo período (enero-junio) del 2017. En este sentido, se observa un consumidor local abastecido de proteínas totales, con un incremento en el consumo de carne vacuna en detrimento de consumo aviar. 

En lo que refiere a los despachos al exterior, se ha producido un fuerte aumento en el transcurso del 2018 (enero-junio), representando un aumento de volumen de 62,3% frente al mismo periodo del 2017. Sin embargo, la variación en ingresos de dólares ha sido algo menor representando un 50,6% (miles de USD). Esto se explica por un menor precio promedio de la tonelada exportada, que representa una caída de 7,2% del valor de venta.

 

La exportación de carne vacuna ocupa, en lo que va del año, el 15% de la producción de carne en el país. El significativo aumento de ventas al exterior se explica, en gran medida, a través del incremento en envíos de carnes congeladas. Estas, en el primer semestre del año, aumentaron 91% respecto al mismo periodo del 2017. En tanto, la carne enfriada que duplica en valor por tonelada a la congelada, subió un 13% su volumen. 

El principal mercado que absorbió el aumento de exportación fue China. Hasta el momento, este destino habilita sólo la compra de carne congelada sin hueso. En el corriente año, SENASA notificó que el gigante asiático comprará carne argentina enfriada sin hueso y congelada con hueso, asumiendo el exportador mayores exigencias sanitarias a cumplir. Esto representa un desafío a cumplir por parte de los productores y del país, para lograr sostener este canal abierto de manera de continuar colocando volumen y lograr exportar carne de mayor valor.

La tensión entre la oferta y la demanda: Precios 

El precio percibido en pesos por el productor ha tenido una recuperación en relación a la inflación en los últimos dos meses, aunque sigue retrasado en relación a los precios dados en los tres años anteriores. La alta oferta de los primeros meses fue un desincentivo para la transferencia de precio al productor. La exportación jugó un rol clave al momento de descomprimir una sobreoferta local. 

Al comparar el valor del kilo de carne al gancho  que percibe el  productor– en dólares actualizados- de Argentina con el valor de países competidores regionales se observa que el precio local es levemente superior a Brasil pero inferior a Uruguay en un 20%. Esto muestra un cambio de tendencia importante, en dónde las industrias locales exportadoras están comprando su insumo principal, novillo, por debajo de toda la región, excepto Brasil. Esta situación no sucedía desde el año 2013 y es la consecuencia de la depreciación del peso en relación al dólar, de la pérdida de valor del producto en relación a la inflación y también se explica por el comportamiento de la oferta de los países competidores. A modo de ejemplo, Uruguay se encuentra en un proceso de retención, situación inversa al que atraviesa argentina. 

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