“Una crisis alimentaria mundial ya no es un riesgo lejano”: el alerta de S&P Global para 2027

Un informe de S&P Global advierte que el encarecimiento de los insumos agrícolas y las posibles pérdidas de cosechas podrían agravar la inseguridad alimentaria global; Brasil, Australia e India aparecen entre los países expuestos a los efectos climáticos y productivos

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“Una crisis alimentaria mundial ya no es un riesgo lejano”: el alerta de S&P Global para 2027
23deOctubrede2026a las22:00

La combinación de fertilizantes y combustibles más caros, las interrupciones comerciales provocadas por la guerra en Oriente Medio y un posible fenómeno de El Niño intenso podría reducir la producción agrícola y aumentar el riesgo de una crisis alimentaria mundial en 2027. Así lo advierte un informe de S&P Global, que identifica una serie de factores que podrían profundizar las dificultades para producir alimentos durante el próximo año.

Según el informe, el impacto de esta situación podría tardar meses en reflejarse en los mercados alimentarios. Los productores compran semillas, fertilizantes y combustible antes de comercializar sus cosechas, por lo que el aumento de los costos actuales podría trasladarse a la producción y la oferta de alimentos recién en 2027.

La guerra presiona el suministro de fertilizantes y combustible

Uno de los principales factores señalados por S&P Global es la guerra entre Estados Unidos e Irán, que comenzó el 28 de febrero y provocó una fuerte reducción del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el comercio mundial de energía e insumos agrícolas. Antes del conflicto, por esa vía circulaba alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL), además de una proporción significativa del comercio internacional de fertilizantes.

De acuerdo con el informe, cerca del 30% de la urea comercializada en el mundo transita por el estrecho, al igual que aproximadamente la mitad del comercio global de azufre y el 21% del amoníaco. Estos productos son fundamentales para la fabricación de fertilizantes utilizados en la producción agrícola.

Las consecuencias no se limitan a los países que dependen directamente de las importaciones provenientes del Golfo. La industria de fertilizantes de otras regiones también necesita energía, principalmente gas natural, tanto para obtener materias primas como para sostener sus procesos de fabricación. Por eso, las restricciones al transporte energético pueden incrementar los costos de producción a escala global.

El diésel es otro de los puntos críticos. El combustible representa un componente central de los gastos operativos del campo, desde las labores de siembra y cosecha hasta el transporte de granos y otros productos.

El escenario se complica por las restricciones de oferta vinculadas también a la guerra entre Rusia y Ucrania. Según S&P Global, ambos conflictos afectan el comercio de combustibles y reducen la disponibilidad de diésel en los mercados internacionales.

Ante el aumento de los costos, los productores podrían reducir la cantidad de fertilizantes aplicada a los cultivos o disminuir la superficie sembrada. En ambos casos, el resultado sería una menor producción respecto de la que se habría obtenido en condiciones normales.

El Niño suma presión sobre las principales regiones productoras

Al encarecimiento de los insumos se suma la posibilidad de un fenómeno de El Niño intenso, que podría alterar las precipitaciones y las temperaturas en distintas regiones agrícolas del mundo. El informe señala que el impacto climático sería muy fuerte, porque los cultivos podrían enfrentar condiciones más adversas con una menor disponibilidad de fertilizantes. Esto reduciría su capacidad para responder al estrés térmico y a las variaciones en las lluvias.

En Brasil, la previsión de la cosecha de maíz se redujo en 6 millones de toneladas, hasta los 137 millones. Si El Niño se intensifica, la producción podría caer otros 10 millones de toneladas.

La soja brasileña también registra una revisión a la baja: la estimación pasó a 177 millones de toneladas, luego de un recorte de 6 millones. Además, un modelo que contempla la intensidad del fenómeno climático y una menor aplicación de fosfatos ubica la producción ponderada por probabilidad en 168 millones de toneladas. El análisis estima una probabilidad del 65% de que la cosecha se sitúe entre los 160 y los 170 millones de toneladas.

En Australia, la producción de trigo podría caer hasta los 22 millones de toneladas, frente a una previsión actual de 28 millones. En India, en tanto, la cosecha de trigo de invierno enfrenta mayores riesgos si persisten los déficits de precipitaciones asociados al comportamiento del monzón. En septiembre, las lluvias estuvieron aproximadamente un 14% por debajo del promedio.

Estos cambios podrían repercutir en el comercio internacional de granos. Una menor producción de soja en Brasil tendría consecuencias para China, uno de los principales destinos de las exportaciones brasileñas.

Los biocombustibles y la inseguridad alimentaria

Otro factor que incorpora el informe es la competencia entre la producción de alimentos y la demanda de materias primas para biocombustibles. Los precios elevados del petróleo pueden volver más competitivos a los combustibles de origen vegetal frente a los derivados del petróleo. Esto sostiene la demanda de cultivos y aceites utilizados para producir biocombustibles, incluso en un contexto de mayores costos para el sector agrícola.

Según el informe, esta demanda, junto con el respaldo de las políticas públicas, reduce el margen para que los mercados agrícolas reorienten su producción hacia el abastecimiento de alimentos.

También advierte sobre las consecuencias que podría tener el escenario para los países de menores ingresos, donde los alimentos representan aproximadamente la mitad del gasto de los hogares. En esas economías, un aumento de los precios podría profundizar la inseguridad alimentaria y dificultar el acceso a productos básicos.

Para S&P Global, la evolución de los próximos meses será determinante. Si las restricciones al comercio de energía y fertilizantes persisten y las condiciones climáticas reducen las cosechas en varias regiones productoras, el sistema alimentario mundial podría enfrentar un escenario más crítico durante 2027.

“Una crisis alimentaria mundial no es inevitable, pero tampoco es ya un riesgo lejano”, advierten los autores.

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