Dejó Spotify y Nueva York para manejar el campo de su abuelo sin saber qué era la soja: “Ahora no me imagino irme, me encanta"
Se recibió de economista y trabajó en Spotify, pero en 2018 decidió cambiar su vida y volver a la Argentina para administrar el campo familiar; ocho años después, combina la gestión agropecuaria con las redes sociales, donde muestra el trabajo cotidiano y busca acercar el mundo del campo a nuevas audiencias

Martina Berg tenía cinco años cuando se mudó con su familia a Nueva York por el trabajo de su papá. Allí creció, terminó la secundaria, estudió Economía y, a los 21 años, comenzó a trabajar en Spotify. Sin embargo, su vínculo con la Argentina nunca se cortó: durante las vacaciones regresaba dos veces al año para visitar a sus familiares, y las estadías en el campo de su abuelo César eran parte obligatoria de cada viaje.
La historia de La Gaucha Yankee
“Una semana en el campo en el invierno y una semana en el campo en el verano”, recordó durante una entrevista en Código Maíz, el evento organizado por Semillas Illinois. Aunque disfrutaba de esas visitas, su conocimiento del trabajo rural era limitado: sabía ensillar un caballo y salir a mirar las vacas, pero poco más. “De ahí a realmente saber de nutrición de suelo, qué densidad le tenés que poner… No, la verdad que no sabía nada”, contó.
La relación con su abuelo, sin embargo, se fue construyendo mucho antes de que ella imaginara trabajar a su lado. En 2018, cuando César cumplió 80 años, Martina estaba cómoda con su vida en Estados Unidos, aunque sentía ganas de cambiar de rumbo. Entonces llegó el llamado de su abuelo, que le propuso sumarse al campo familiar.
“Él se dio cuenta de que yo estaba buscando un cambio, me llamó y me dijo si quería venir al campo”, relató. Tenía 25 años y decidió probar. Renunció a su trabajo, dejó su departamento, compró un pasaje solo de ida a Buenos Aires y, una semana después, ya estaba en el campo. “Si no hago, voy un año, voy dos años, pruebo y si no me gusta vuelvo. Era como el momento para hacerlo”, recordó.
Lo que imaginó como una experiencia temporal terminó convirtiéndose en su vida. “Ahora yo no me imagino irme, o sea, me encanta, me fascina”, aseguró.

El aprendizaje en el campo y la oportunidad que le dio su abuelo
Cuando llegó, Martina tuvo que aprender prácticamente desde cero. Su abuelo, que había comprado el campo en 1978, fue su principal guía durante los primeros años. A eso se sumaron el trabajo con un ingeniero agrónomo, una veterinaria y la participación en un grupo CREA, donde comparte experiencias y recibe nuevas exigencias para mejorar el manejo productivo.
“Empecé a aprender el campo hace ocho años y a los golpes, pero siempre guiada por mi abuelo”, explicó. Lejos de presentarse como una especialista, reconoce que su formación se construyó a partir de la experiencia y del acompañamiento de profesionales. “Soy una esponja, te juro. Me gusta aprender”, dijo.

El establecimiento está ubicado en el sur de Córdoba y tiene un sistema mixto: combina agricultura con ganadería de ciclo completo y un feedlot propio. Allí trabajan con cultivos como maíz, soja, girasol, trigo y maní, además de manejar sectores bajos y salinos que presentan desafíos particulares.
La transición generacional también tuvo un papel importante en la historia. Martina recuerda que el primer día su abuelo reunió al equipo y la presentó como la nueva administradora. “Yo llegué, no sabía lo que era la soja”, contó entre risas. Martina destacó la confianza que recibió de su abuelo desde el comienzo, incluso cuando todavía no conocía los cultivos. “Él miró al equipo y le dijo: ‘Esta es Martina, va a ser la administradora del campo. Al que no le guste, la tranquera está allá’”, recordó. “Es un montón que alguien te abra las puertas. Estoy re agradecida”.

Hoy, además de compartir el trabajo, los dos participan de una nueva etapa de la historia familiar: César, de 88 años, empezó a aparecer en sus publicaciones. Antes prefería que no mostraran el campo por seguridad, pero con el tiempo se entusiasmó con la idea. Ahora incluso le propone temas para contar y revisa los videos antes de que se publiquen.
“Yo creo que yo le doy una energía bárbara para seguir, pero él también me dio una oportunidad tremenda de poder entrar en esto”, resumió Martina. “Ahora mi vida está definida por esta oportunidad que me dio él”.
De mostrar el trabajo cotidiano a acercar el campo a las redes
Después de ocho años dedicada a la gestión del establecimiento, Martina comenzó a compartir su experiencia en redes sociales hace aproximadamente un año. La idea surgió al advertir que muchas personas fuera del sector desconocían buena parte de los procesos que hay detrás de la producción agropecuaria.
“Me preguntaban: ‘Che, ¿no te aburrís cuando vas al campo?’. Y yo no tengo tiempo de aburrirme cuando voy al campo… No hay forma de que me aburra”, contó. Así empezó a publicar escenas cotidianas: desde trabajos en las pasturas hasta la fertilización del maíz, el manejo de los animales y los problemas que aparecen en el día a día.
Su cuenta de Instagram (@lagauchayankee) llegó a reunir alrededor de 69.000 seguidores al momento de la entrevista. Martina se ocupa personalmente del contenido y de responder los mensajes, en un intercambio que también le permite seguir aprendiendo. “Si yo lo puedo explicar, significa que yo lo entendí. Si no lo puedo explicar, no lo entiendo”, señaló.
La respuesta de la audiencia le mostró que había interés por conocer de dónde vienen los alimentos y cómo se producen. “Hay todo un público que por ahí tiene interés de ver. Yo muestro mi realidad, cómo producimos en el campo de mi abuelo”, explicó.
Entre los mensajes que más la sorprendieron están los de mujeres que empezaron a involucrarse en empresas o establecimientos familiares después de verla trabajar. Algunas le contaron que estaban alejadas de esas actividades y que sus publicaciones las animaron a participar más. “Nunca me imaginé que iba a traer ese alcance y la verdad que está buenísimo eso”, reconoció.
Para Martina, comunicar también implica ser consciente de lo que sabe y de lo que todavía tiene por aprender. “Yo no soy ingeniera, no soy veterinaria. La experiencia que te cuento en las redes es mi experiencia personal”, aclaró, y recomendó consultar a profesionales ante dudas técnicas.

Una historia que sigue creciendo
Aunque las redes abrieron una nueva faceta en su vida, la prioridad de Martina sigue estando en el campo y en el vínculo con su abuelo. “Mi prioridad es que el campo funcione y sea rentable para proveerle todo lo que él quiera”, afirmó. Para César, explicó, una parte fundamental de esa vida es poder seguir yendo al establecimiento, viendo las vacas y acompañando las tareas cotidianas.
A futuro, le gustaría continuar desarrollando el negocio familiar y evaluar nuevas posibilidades de crecimiento, como alquilar campos vecinos si los resultados productivos lo permiten. También quiere seguir explorando el camino de la comunicación, una actividad que no imaginaba cuando trabajaba en Nueva York.

“Estar acá en esta mesa haciendo esta charla para mí es una locura. Nunca me hubiese imaginado”, dijo sobre su presente. Y, al pensar en lo que viene, no planteó un plan cerrado: “Yo estaría muy agradecida de poder seguir teniendo este camino abierto y seguir así, como estoy. Estoy contenta”.

