Regular la velocidad achica las pérdidas durante la trilla

Recomiendan trabajar a menos de siete kilómetros por hora.

02deFebrerode2007a las16:39
Lento pero seguro. Ese debería ser el lema para la cosecha gruesa. Hace rato que Mario Bragachini prefiere hablar de toneladas por hora en lugar de quintales de maíz por hectárea. "Habrá que ir 40 por ciento más despacio. Además, hay que sacar el grano y prepararse con tolvas y acoplados", indicó el especialista.

El cálculo es simple: para un maíz de 100 quintales, dos cosechadoras pueden sacar del campo dos camiones por hora, es decir, casi 70 toneladas del cereal. "Creo que para asegurar un buen trabajo habrá que andar a cinco o seis kilómetros por hora", apuntó Beccérica.

En los últimos cuatro años, el trabajo de difusión del Precop permitió reducir 35 por ciento las pérdidas en la cosecha de maíz. El objetivo ahora es aumentar 20 por ciento la eficiencia de la trilla. Para esta campaña, el foco está puesto en las 2,95 millones de hectáreas destinadas a grano seco y húmedo (el resto de la superficie es para picado fino y pastoreo).

Las más de 70 evaluaciones realizadas por el Precop en el ciclo anterior establecieron un nivel de pérdida de 250 kilos de maíz por hectárea, de los cuales, 196 kilos se "esfuman" durante la cosecha (el margen de tolerancia es 156 kilos). Las máquinas resignan, en promedio, 141 kilos por el cabezal (en especial, desgrane de espigas) y 55 kilos por la cola.

Causas. La principal causa de las pérdidas radica en la relación que se establece entre la velocidad de avance de la máquina y la del cabezal. Si la velocidad de la cosechadora supera a la de los rolos, el cabezal no termina de bajar la planta y la máquina pierde por la cola al ingresar más plantas de lo conveniente al sistema de trilla, separación y limpieza.

En cambio, si la cosechadora queda lenta respecto a la velocidad del cabezal, el espigado se produce en la primera parte del recorrido del rolo, lo que incrementa las pérdidas de espigas. Los ensayos comparativos realizados por técnicos del Inta en Totoras y Oliveros (Santa Fe) demostraron que las menores pérdidas por cabezal se produjeron con una velocidad de avance de 5,5 kilómetros por hora (ver Pérdidas en maíz).

También incide el estado del cultivo, ya que cuando el lote muestra plantas y espigas poco uniformes exige contar con un kit de chapas espigadoras regulables desde la cabina del operador. Aun así, poco se puede hacer para evitar que las espigas chicas (plantas dominadas), sean tomadas por los rolos espigadores y desgranadas. A lo sumo se cerrarán las chapas espigadoras, lo que cortará más plantas y aumentará el índice de alimentación, con el consiguiente incremento de pérdidas por cola.

Otra complicación son los efectos de vientos fuertes o lluvias torrenciales en lotes con un alto stand de plantas Bt, ya que las cañas no se quiebran, sino que se produce el arranque con raíz incluida.

Soja. En el poroto las pérdidas llegan a 141 kilos por hectárea (la tolerancia es 90 kilos), de los cuales, 121 kilos se resignan en la cosecha propiamente dicha. El 40 por ciento se produce durante el movimiento y fricción que la barra de corte le imprime a las plantas en el momento del corte (exceso de velocidad de avance, falta de recambio de cuchillas o deficiencias en la regulación del sistema).

Cuando la soja está en condiciones de ser cosechada, es muy susceptible al desgrane y exige un buen tratamiento durante el corte de la planta y su introducción a la máquina. Las pérdidas por desgrane se deben al movimiento de plantas en el momento del corte, el desplazamiento lateral al ser empujada por la cuchilla hacia el puntón (corte tijera) y la inclinación en el mismo sentido de avance de la cosechadora al ser superada la capacidad de corte por la velocidad de avance.

El consejo es mantener la barra de corte y la velocidad de avance por debajo de los siete kilómetros por hora.

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