Familia Bullrich: de la Casa al Patio, la historia ganadera detrás del primer shopping de la Argentina

Se cumplieron 100 años de la inauguración del edificio que hoy contiene un centro comercial, los herederos de este emblemático apellido siguen vinculados a sus orígenes: el negocio agro-ganadero

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Fachada original de la Casa Bullrich, diseñada por el arquitecto Juan Waldorp

Fachada original de la Casa Bullrich, diseñada por el arquitecto Juan Waldorp

19deNoviembrede2021a las18:48

Durante un siglo, la Casa Bullrich dominó los remates argentinos de ganado, arte e inmuebles. En sus momentos de mayor apogeo, llegó a vender 600.000 cabezas de bovinos por año y supo administrar más de 145.000 hectáreas repartidas en 50 establecimientos rurales a lo largo de seis provincias. Ahora, la emblemática compañía nacida en 1867 ya no existe como tal, pero la saga familiar continúa de la mano de algunos de sus herederos a través de reconocidas firmas del sector, como Bullrich Campos y Saenz Valiente, Bullrich y Cía. 

El derrotero de esta numerosa familia nacida en el seno de un prisionero de guerra prusiano también aportó múltiples personalidades al ámbito de la política vernácula. Si bien el apellido es contemporáneo por la presencia tanto del Senador Esteban Bullrich Ocampo como la ex Ministra Patricia Bullrich Luro, lo cierto es que, en los hechos, solo el primero es heredero de la tradicional casa de remates. 

A su vez, el pasado 20 de agosto se cumplieron 100 años de la apertura de la mítica sede de la compañía fundada por el otrora intendente de Buenos Aires, Adolfo J. Bullrich, hoy, reconvertida en un centro comercial. A propósito de su centenario y a partir de la obra del historiador Ignacio Zubizarreta, “Historia de la Casa Bullrich”, Agrofy News rescata algunos de los hitos que marcaron la trayectoria de este clan familiar que sigue vigente y resume la historia de un país.

Bullrich: de prisionero a intendente

Los combates fueron marcando los puntos de inflexión en las primeras décadas de la familia Bullrich en el Río de la Plata. Si la batalla de Ituzaingó propició la llegada de Augusto Guillermo Adolfo Bullrich, un mercenario prusiano de las fuerzas de Pedro I de Brasil tras la derrota ante el ejército rioplatense liderado por Carlos María de Alvear; la de Pavón fue la antesala del surgimiento de la icónica casa de remates que fundó su primogénito, Adolfo J. Bullrich, y con lo cual moldearon su gran fortuna. 

La firma Bullrich data de 1867, pero muchos antes, Augusto adquirió primero un local comercial del cual fue empleado y años más tarde, montó una pequeña fábrica de cervezas. 

Queda claro que la familia de este inmigrante gozaba de cierta prosperidad, porque el joven Adolfo, mayor de siete hermanos, pasó una larga temporada de estudio en Europa y, a su vuelta, tras enrolarse en el ejército y participar de la batalla de Pavón, crea su propio negocio al fundar la Casa de Remates Bullrich que tiempo más tarde llevaría nombre propio: Adolfo J. Bullrich y Cía.  

Los primeros remates que acogió la firma poco tenían que ver con las grandes extensiones rurales. Más bien mobiliario, arte o propiedades urbanas explicaban los negocios de la época. Será el mismo sendero que transitó la economía argentina que trajo el crecimiento de la Casa Bullrich y su fortuna. En aquellas primeras décadas, Bullrich competía con otras firmas de renombre, como Balbín y Powels, Aldecoa y Font o la de Gowland. 

La Campaña al Desierto catapultó el negocio familiar. El grueso de las más de 6 millones de hectáreas obtenidas tras la estratégica jugada de Julio Argentino Roca pasaron por el martillo de Adolfo Bullrich. 

Los siete herederos del fundador consolidaron la posición de la familia en la alta sociedad porteña. Si bien él llegó a ser intendente de la Ciudad de Buenos Aires (1898-1902), hacia fines del siglo XIX tanto Eduardo como Arturo Bullrich, dos de sus hijos, y Alejandro Casares, esposo de Angélica Bullrich, colaboraban en el día a día de la firma. 

La fiebre amarilla que azotó la ciudad también propició el crecimiento de la casa de remates al fomentar la mudanza de las familias más pudientes hacia el Norte. En ese entonces, los Bullrich sellaban los loteos de nuevos barrios dando vida a lo que hoy se conoce como Barrio Norte y Palermo

La historia de Adolfo J. Bullrich como intendente merece un capítulo aparte porque su basta experiencia como rematador y el conocimiento en materia de infraestructura urbana, le permitió dotar a la ciudad de avances imperiosos en materia de higiene, electricidad y el inicio o reactivación de obras emblemáticas, como el teatro Colón, la sede del Congreso y el palacio de Justicia que fueron inauguradas en gestiones posteriores. 

El fundador de la Casa Bullrich murió en París en 1904 y si bien la firma estaba en su apogeo pronto la suerte cambiaría. La Primera Guerra aletargó el comercio y con eso las operaciones de la Casa Bullrich que para sortear la crisis tuvo que capitalizarse con el ingreso de la familia Ocampo.

Los Bullrich: las nuevas generaciones

En 1917 la Casa Bullrich celebró sus primeros 50 años con sendos festejos. Allí se recordaron algunos hitos como el remate que más bovinos y alto precio alcanzó al sumar 50.000 cabezas o la sucesión de Crotto, de 35.000 ejemplares, y 3,37 millones de pesos.

A la segunda generación que se hizo cargo de la empresa le siguió otra con contextos también cambiantes. El esquema de trabajo se mantuvo con la incorporación de los descendientes. Así, a Martín Ocampo lo sucedió su hijo Roberto Silvino. Por el lado de Eduardo tuvieron presencia destacada Jorge (padre de Elvira Bullrich de Martínez de Hoz), Enrique y Federico Bullrich Ocampo. Los hijos de Arturo R. Bullrich (bisabuelo del Senador Esteban Bullrich Ocampo) que participaron del directorio fueron Arturo A. y Horacio J. M. Bullrich Cantilo.

La flamante sede que aún conserva el apellido en su fachada se inauguró en 1921. Sin embargo, el funcionamiento de la firma no se reducía solo a su espacio en la Capital. Para 1923, Bullrich sumaba sucursales en Chascomús, 30 de Agosto, Estación La Larga, Necochea, Venado Tuerto y General Villegas, entre otras plazas. 

El momento cumbre del trabajo anual de la Casa, sin dudas, llegaba con la Exposición de la Sociedad Rural de Palermo. Desde la primera muestra, celebrada en 1875 en las instalaciones de la calle Florida, la Casa Bullrich fue la encargada de rematar los animales que desfilaban frente al público. 

A mediados del siglo XX hicieron su incursión los miembros de la cuarta generación. Así llegaron los hijos de Clara Bullrich, los hermanos Guillermo “Billy” e Ignacio Sáenz Valiente al igual que Arturo Bullrich todos pertenecientes a la línea de Arturo R. Por el lado de Eduardo, se sumaron sus nietos: Jorge E. y los hermanos Enrique L. y Luis. A su vez, también hicieron su entrada los hijos de Luis María, Luis Federico y José Ramón Bullrich. Mientras tanto, Diego, hijo menor de Eduardo Juan, también participó de esa etapa. En esos tiempos, Juan Ángel Lastra, yerno de Eduardo y cuñado de Jorge, también aportó sus capacidades para hacer negocios. El directorio estuvo ocupado por Roberto J. Bullirch y Julián Aguirre Ocampo, hijo del otrora presidente de la Casa Bullrich, Julián Aguirre Lynch. De todos modos, queda en evidencia que solo algunos de los numerosos miembros que integran la saga familiar tuvieron injerencia en el día a día de la firma. 

Apogeo, centenario y disolución 

Manuel A. Bullrich presidía el directorio cuando la Casa Bullrich celebró su centenario en 1967. La firma vivía un verdadero apogeo. Más allá de los festejos y que la división Haciendas seguía liderando los ingresos de la firma, también Administraciones Rurales aportó lo suyo. El equipo de trabajo estaba formado por administrativos e ingenieros agrónomos que hacían las recorridas periódicas por los establecimientos. La lógica de funcionamiento de esta división consistía en la recepción de un propietario rural o una firma con varias propiedades que cedía a la Casa Bullrich el desarrollo y labores de dichos dominios por un periodo determinado de tiempo. En los años 70, el negocio siguió creciendo y llegó a contar con 125.000 hectáreas repartidas en más de 50 establecimientos de seis provincias. Además, se llevaba la contabilidad de otros seis establecimientos que sumaban 20.000 hectáreas adicionales. 

El departamento de Arte de Casa Bullrich también fue emblemático tanto para la firma como para el mundo cultural de Buenos Aires. En ese marco, Bullrich puso un pie en el negocio financiero con Bullrich Ahorro y Préstamo Rural primero y Bullrich de Inversiones Compañía Financiera después. También Bullco Fondo Común de Inversión y Bullco Seguros llegaron para completar el abanico de ofertas financieras que ofrecía la firma y le daba respaldo a la tradicional Adolfo J. Bullrich y Cía.

Si bien los resultados económicos eran favorables, las sucesivas crisis argentinas, los múltiples herederos, escisiones y divisiones de bienes fueron horadando la tradicional firma y en las últimas décadas son solo algunos de sus herederos los que permanecen en la actividad, pero con nuevas firmas y distinta suerte.  

Una de las facetas quizás menos exploradas de la familia Bullrich es la propiedad de la tierra debido a que si bien estuvieron entrelazados con el derrotero del sector desde sus inicios como casa de remates y protagonistas de la repartición de las tierras tras la Campaña al Desierto, no se sabe a ciencia cierta cuántas hectáreas conservan los herederos de este numeroso clan familiar. El dato oficial más cercano data de 1989 y es el que proporciona el informe de Eduardo Basualdo para Flacso cuando incluye a la familia Bullrich entre los 35 mayores propietarios rurales de la provincia de Buenos Aires, a partir de un mínimo de 20.000 hectáreas y con un promedio de 44.688 por cada grupo. Sin embargo, a más de 30 años de la desaparición de la Casa Bullrich como tal, tampoco se puede precisar cuántas hectáreas conservan sus numerosos herederos. 

La apertura del Patio

En 1921 la inauguración del renombrado Patio Bullrich se pensó especialmente para ser la sede de la tradicional casa de remates de Adolfo J. Bullrich y Cía. Sus 4000 m2 cubiertos y con capacidad para albergar 200 vacunos fue diseño del arquitecto holandés Juan Abel Waldorp. El edificio abrió sus puertas por la tarde del 20 de agosto de 1921, hace casi exactamente 100 años. Después de una breve recepción el primer remate fue un lote con ejemplares de la cabaña Sittyton de la familia Duggan. Una de las travesías de la época era el desfile de los animales importados que llegaban al puerto de Buenos Aires y tras su obligatoria cuarentena se trasladaban a pie desde Retiro hasta el Patio Bullrich. 

Con la paulatina división de bienes y el cese de actividades de la tradicional firma, también llegó el momento de la venta de la emblemática sede sobre la avenida Del Libertador. Si bien no hay registros oficiales sobre cuánto se pagó por ella, lo cierto es que los hermanos Maccarrone que se hicieron con el inmueble, encararon millonarias reformas para dotarlo de un nuevo título con su reapertura como el primer shopping center de la Argentina, en 1988. 

En sus mejores años, durante la Convertibilidad, Patio Bullrich llegó a facturar US$ 125 millones. Solo una década después de su apertura, la IRSA de George Soros pagó más de US$ 72 millones para hacerse del lugar que contaba, en ese entonces, con 91 locales, un patio de comidas, 6 salas de cine, 230 cocheras y solo ese último año, recibió la visita de cerca de cuatro millones de personas. Hoy, pertenece al amplio portafolio de IRSA Propiedades Comerciales, de la familia Elsztain.

* Periodista de negocios especializado en empresas de familia (Twitter: @facusonatti)

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