Los secretos del "pedicuro" de las vacas que atiende unos 15.000 animales al año: ¿Se pierden miles de litros de leche?

Enrique Pofcher es veterinario y uno de los pocos podólogos bovinos de Argentina; asegura que sin bienestar no hay producción eficiente y libra la batalla contra el “pietín”, el mayor mito de los tamberos que amenaza el rendimiento bovino

Los secretos del "pedicuro" de las vacas que atiende unos 15.000 animales al año: ¿Se pierden miles de litros de leche?
16deSeptiembrede2025a las11:40

“Hago patas” afirma Enrique Pofcher. Además de médico veterinario es podólogo bovino, una especialidad casi desconocida pero clave en la producción lechera y de carne.

Cómo es ser podólogo bovino

Su tarea va mucho más allá de recortar pezuñas: es la diferencia entre un rodeo productivo y vacas con dolor crónico que impactan en la reproducción y en la calidad de la leche.

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Su camino comenzó casi por casualidad: tras recibirse de veterinario y trabajar en un tambo, hizo un curso de podología en Santa Fe y luego en Holanda. Y lo que en la facultad apenas se enseñaba en una clase, él lo transformó en vocación. Desde 2007 recorta, trata y previene problemas en unas 15.000 vacas por año.

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Del campo al zoológico: jirafas, elefantes y toros

Aunque el 90% de su trabajo está en tambos, Enrique también atiende cabañas, campos productores de carne y hasta animales exóticos. De hecho, fue convocado por el Zoológico de Buenos Aires para atender a una jirafa y a una elefanta con problemas en sus patas: “Todo lo que sea biungulado lo puedo trabajar, desde vacas hasta especies de zoológico”, explica.

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El impacto productivo de las enfermedades podales

Los números son contundentes:

  • 23% de las vacas en producción presentan problemas podales.
  • Una vaca renga puede perder hasta 700 litros de leche al año.
  • En rodeos con alta incidencia, la producción puede caer entre un 10% y un 15%.

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Además de la pérdida económica, está el sufrimiento animal: vacas que dejan de comer, que no alcanzan peso para el servicio o que incluso quedan estériles por el estrés del dolor.

Según datos de APROCAL (Agencia Pro Calidad de Leche), las enfermedades podales se encuentran entre las principales causas de merma en la productividad, aunque aún faltan estadísticas oficiales más completas.

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El “pietín”, un mito que cuesta caro

En el campo, a las enfermedades podales se las suele englobar bajo la palabra “pietín”, lo que lleva a abusar de antibióticos sin un diagnóstico correcto. 

“Se gasta mucho más en antibióticos de lo que saldría mi trabajo, pero está tan metido en la cultura que cuesta cambiarlo”, señala Pofcher.

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Las principales afecciones que encuentra en los rodeos son la dermatitis digital (bacteriana y contagiosa), la úlcera de suela y de punta y la enfermedad de línea blanca, ligada a problemas de instalaciones y manejo. 

Enrique es categórico: “El problema de patas viene más del manejo que de la raza. Una vaca que sufre dolor deja de comer, no llega al peso de servicio o incluso puede quedar estéril”.

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Prevención: la clave para el bienestar y la rentabilidad

En la práctica, la podología bovina suele ser requerida sólo cuando el problema ya explotó: vacas rengas, brotes de dermatitis, rodeos que pierden producción. Pero Enrique insiste en la importancia de dar el salto hacia la prevención:

  • Al secado: recomienda revisar y recortar a todas las vacas 60 días antes del parto.
  • Postparto: los primeros 100 días son críticos, porque el animal está al máximo de exigencia y la mayoría de las rengas aparecen en ese período.
  • Planes continuos: lo ideal es que un podólogo visite el tambo una vez por mes para mantener la salud podal y evitar brotes masivos.

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El problema es cultural: “Muchos productores todavía recurren al antibiótico como primera respuesta. El productor necesita saber que muchas veces se gasta más en medicar que en un plan de prevención”.

Tecnología insuficiente y un oficio en evolución

Hoy, la mayoría de las herramientas usadas en podología bovina son adaptaciones de la industria metalúrgica. Faltan proveedores locales que desarrollen equipamiento específico: discos de corte, gubias, potros de sujeción más seguros.

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“Estamos atrasados, nos faltan todavía 20 años de difusión sobre el tema. Y referentes serios, para que tanto los productores como los animales estén atendidos de manera profesional y adecuada”, asegura.

Así como en la medicina humana, las ramas se fueron especializando para cada patología, en el oficio de las “patas”, muchas veces realizado por veterinarios juniors o por el “patero”, hace falta capacitación y personas que amen el oficio.

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“Es sacrificado, pasás frío, pasás calor. Trabajás con herramientas que no están adaptadas para el uso veterinario, te golpeás, te ensuciás, es un trabajo muy físico. Aconsejo que quien lo pruebe y le guste, lo haga. Hay que amar lo que uno hace”, describe con pasión y optimismo.

El especialista vs. el “todólogo”

Enrique marca una diferencia clave en la evolución de la veterinaria: el veterinario todólogo, que hacía desde tactos hasta sanidad y podología, está quedando atrás.

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Hoy, cada vez más tambos incorporan especialistas permanentes en áreas críticas como embriones, mastitis o patas.

Más allá de lo técnico, Enrique insiste en la importancia de mantener la humanidad en el trabajo: “En cada curso que doy, busco plantar la semilla del bienestar y la prevención en cada establecimiento.”

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Su mensaje final es claro: perder la humanidad es siempre el camino incorrecto y profesionalizar la podología bovina no es solo una cuestión de eficiencia productiva, sino también de respeto hacia los animales que sostienen la producción lechera del país.