En el barro, las vacas pueden descansar 3 horas en lugar de 12: cómo preparar el tambo para un Niño fuerte

La Federación Internacional de Lechería difundió recomendaciones para el manejo del barro en tambos ante las lluvias de El Niño: qué preparar antes, cómo ajustar la alimentación y el ordeño, y qué señales indican que hay que cambiar el plan

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barro en corral del tambo
20deOctubrede2026a las15:49

Tener en cuenta el impacto climático sobre los tambos se vuelve fundamental ante la llegada de El Niño. En este sentido, a través de la Federación Internacional de Lechería, bajo la organización de Alejandro Palladino, se difundieron recomendaciones para el manejo del barro en establecimientos lácteos.

"El problema para los tambos no es únicamente cuánto llueve, sino cuánto tiempo permanecen saturados los suelos y qué superficies pierden funcionalidad", describe el documento difundido.

Lluvias y tambo: impacto sobre la operación, las personas y los animales

El deterioro de calles, accesos, corrales y caminos dificulta el traslado de vacas, la entrada de maquinaria, la distribución de alimentos y el retiro de leche. Las rutinas demandan más tiempo, aumentan las tareas de limpieza y mantenimiento y se elevan los riesgos de resbalones, caídas y maniobras inseguras para el personal.

En los sistemas pastoriles, el pisoteo de suelos saturados también perjudica la estructura del suelo y la productividad posterior de las pasturas.

En las vacas, el barro representa un problema directo de bienestar. Las superficies húmedas y sucias dificultan la locomoción, deterioran la higiene y desalientan el descanso.

En un experimento controlado publicado en Journal of Dairy Science, las vacas multíparas permanecieron echadas 3,2 horas durante las primeras 24 horas en la condición de mayor barro, frente a 12,5 horas sobre suelo seco; cabe señalar que son valores experimentales, no una predicción para todos los tambos.

El descanso es una necesidad comportamental relevante. La mayor suciedad de ubres y pezones incrementa la exposición a patógenos ambientales; la humedad persistente y el mayor tiempo de pie pueden agravar los problemas podales.

Las consecuencias sobre producción de leche suelen ser indirectas, por dificultades de acceso al alimento, menor consumo, enfermedades y pérdida de eficiencia; no debe atribuirse toda caída productiva únicamente al barro.

Antes de las lluvias: preparar el establecimiento

Desde la Federación Internacional de Lechería destacan que la prioridad es evacuar el agua y reducir el tránsito sobre suelos vulnerables: "Conviene reparar baches, consolidar sectores críticos de caminos, mantener pendientes y desagües, revisar alcantarillas y evitar que aguas de lavado o efluentes descarguen sobre calles de circulación".

También deben mejorarse tranqueras, entradas a potreros, áreas próximas a bebederos y comederos, y corrales de espera: allí se concentra el pisoteo y se genera barro con mayor rapidez.

La preparación debe incluir un mapa de sectores anegables y rutas alternativas; potreros más firmes reservados para emergencias; disponibilidad de superficies secas y confortables para descanso; reservas de forraje y alimentos protegidas de la humedad; y revisión de bombas, energía de respaldo y almacenamiento de efluentes.

Bajo este marco, es clave organizar las tareas para minimizar movimientos innecesarios de vacas y maquinaria, lo que ayuda tanto al bienestar como a la conservación de las pasturas.

El personal debe conocer anticipadamente las decisiones y responsables previstos para una contingencia.

Durante la contingencia: ajustar las prioridades

Si un potrero o corral se vuelve intransitable o no permite a las vacas echarse, debe habilitarse una alternativa con piso seguro, alimento, agua y un área de descanso seca y confortable.

Mantener vacas durante períodos prolongados sobre hormigón desnudo puede resolver el problema del barro, pero generar restricciones de descanso.

Puede recurrirse al pastoreo de acceso limitado para preservar potreros, siempre verificando que las vacas logren consumir suficiente alimento y descansar. Se tienen que priorizar vacas próximas al parto, recién paridas, rengas y terneros.

En alimentación, la pérdida de acceso a pasturas puede reducir el consumo y exigir mayor suplementación. Corresponde reformular la dieta según el forraje realmente disponible, asegurar fibra físicamente efectiva, controlar calidad e inocuidad de silajes y reservas y evitar cambios bruscos.

Si se reemplaza forraje con grandes cantidades de concentrados ricos en almidón, aumenta el riesgo de acidosis ruminal subaguda; no se recomienda, sin embargo, bajar el almidón indiscriminadamente sin considerar el aporte energético y el balance de la ración.

Con animales muy sucios, debe reforzarse la preparación individual de pezones: remover suciedad, lavar solo cuando sea necesario con agua limpia a baja presión y secar completamente antes de colocar las pezoneras.

Debe evitarse el lavado indiscriminado de toda la ubre y asegurarse la desinfección posordeño.

Al mismo tiempo, se necesita vigilancia adicional de mastitis, rengueras y lesiones podales, con atención temprana y sin tratamientos antibióticos preventivos indiscriminados. Hay que controlar diariamente el agua de bebida, la capacidad de manejo de efluentes y la seguridad del personal.

Cuándo cambiar el plan

El criterio no debería ser esperar a que el barro resulte inmanejable. La falta de superficies secas para echarse, el aumento de vacas que permanecen de pie, los desplazamientos inseguros, la imposibilidad de alimentar normalmente, la mayor suciedad de pezones o el incremento de rengueras deben activar modificaciones inmediatas.

Frente a lluvias prolongadas, sostener rutinas habituales a cualquier costo puede ser más perjudicial que adaptar temporalmente el sistema.

"La prioridad es preservar alimentación, descanso, higiene, salud y condiciones de trabajo seguras", concluyen.

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