De verdulero a invertir millones en el desierto argentino: busca transformar 2800 hectáreas en la Patagonia

Encabezado por Pablo Ríos, el proyecto se desarrolla en Río Negro y prevé 2.300 hectáreas bajo riego y combina producción de alfalfa para exportación, ganadería a escala e infraestructura energética propia basada en gas natural

20deEnerode2026a las10:35

Pablo Ríos es el responsable del proyecto que apunta a producir alfalfa a gran escala en el desierto patagónico. En una nota para Diario Río Negro, repasó que su recorrido en el sector comenzó a los 14 años, cuando abrió una pequeña verdulería en la ciudad de Córdoba; un primer paso que, tres décadas después, lo encuentra al frente de una de las inversiones agroproductivas más ambiciosas del norte de la Patagonia.

Inversión de US$ 50 millones en le desierto patagónico

Actualmente, al pie de la ruta nacional 250, entre General Conesa y Guardia Mitre, Ríos encabeza el desarrollo de un establecimiento de 2.800 hectáreas en pleno desierto patagónico, de las cuales 2.300 estarán bajo riego.

En Diario Río Negro,  Alan Agustini (periodista autor del articulo) describe que la iniciativa combina producción de alfalfa para exportación, ganadería a gran escala e infraestructura energética propia basada en gas natural, con un esquema productivo inédito para la región.

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El proyecto demandará una inversión total de US$50 millones e integra riego presurizado de alta tecnología, bombeo desde el río Negro, una estación generadora a gas y una estrategia que articula producción, logística y comercio exterior. Goteo, puerto y gas. Ese es el tridente del proyecto”, resume Ríos, quien prevé completar el desarrollo en 2027 y poner en marcha una planta de compactado de megafardos de alfalfa en General Conesa.

El camino que desemboca en esta apuesta comenzó en el comercio minorista. “Yo soy de Córdoba y me metí de muy chico, a los 14 años, comencé con una verdulería. No vengo de una familia con tradición agrícola, pero sí comercial”, relata. Aquella experiencia inicial derivó en una distribuidora y, más adelante, en la exportación de productos hortícolas.

El punto de inflexión llegó tras la crisis de 2001, a partir del vínculo con un familiar dedicado a la horticultura en el sur de la provincia de Buenos Aires. “En 2003-2004 se nos da la posibilidad de exportar. Argentina estaba muy barata al exterior”, recuerda. La cebolla fue el primer producto y Brasil, el mercado de destino.