Hantavirus en el campo: los consejos de un experto para evitarlo y los accidentes más frecuentes que sacuden al agro

El médico y productor agropecuario Marcos Grigioni advirtió sobre el avance de enfermedades transmitidas por roedores, los accidentes en caminos rurales y otros riesgos que afectan al trabajo en el agro

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26deMayode2026a las09:56

El hantavirus volvió a instalarse en la agenda pública tras el caso del crucero en el sur del país, pero para quienes viven y trabajan en el campo el riesgo nunca dejó de estar presente. Productores, y trabajadores rurales conviven a diario con enfermedades transmitidas por roedores y con múltiples situaciones que exigen prevención permanente.

En una entrevista en el programa de streaming La Posta de Agrofy News Live, el médico cirujano y productor agropecuario Marcos Grigioni advirtió que el sector agropecuario sigue siendo uno de los más expuestos tanto a enfermedades como a accidentes laborales, y remarcó que el gran desafío es sostener la capacitación y los cuidados en el tiempo.

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“El sector agropecuario se caracteriza por ser reactivo. Aparece un caso y enseguida se hacen campañas y capacitaciones, pero después todo decae. Necesitamos ser proactivos”, señaló.

Grigioni explicó que existen tres enfermedades vinculadas a los roedores que deben ocupar un lugar central en la prevención rural: hantavirus, leptospirosis y fiebre hemorrágica argentina. Mientras que esta última cuenta con vacuna, el hantavirus sigue siendo una de las mayores preocupaciones porque no tiene tratamiento específico ni inmunización preventiva.

Según detalló, la principal vía de contagio es la inhalación de partículas contaminadas con orina o excremento de roedores en lugares cerrados, como galpones, casas rurales o cabinas de  maquinaria que permanecieron mucho tiempo sin ventilación.

Ventilar, limpiar y protegerse: las medidas básicas que pueden evitar contagios

El médico insistió en que muchas de las medidas preventivas son simples, aunque todavía cuesta incorporarlas como hábito dentro del trabajo rural. Entre ellas mencionó el lavado frecuente de manos, el uso de elementos de protección personal y la correcta ventilación de espacios cerrados.

“El uso de una mascarilla N95 es determinante porque el hantavirus generalmente se contagia a través de la respiración de polvillo contaminado”, explicó.

Antes de ingresar a un galpón o a una vivienda cerrada, recomendó abrir puertas y ventanas durante al menos media hora para permitir la circulación de aire y la entrada de luz. También aconsejó humedecer superficies con una mezcla de agua y lavandina antes de limpiar, evitando siempre barrer en seco para no levantar partículas contaminadas.

La misma lógica aplica para las maquinarias agrícolas que permanecen guardadas entre campañas. “Hay que abrir la cabina, encender ventiladores o aire acondicionado y dejar que funcione durante un tiempo antes de usar la máquina”, sostuvo.

Grigioni también destacó la importancia del control sanitario de las mascotas y animales del establecimiento, siempre bajo seguimiento veterinario, debido a que pueden actuar como transmisores de distintas enfermedades.

Accidentes rurales, eventos extremos y violencia en el campo

Más allá de las zoonosis, el especialista alertó sobre otros riesgos que hoy generan una fuerte preocupación dentro del sector agropecuario. Entre ellos ubicó los accidentes en caminos rurales, los fenómenos climáticos extremos y el crecimiento de la violencia rural.

“Junto con la construcción, el agro es uno de los sectores con mayores índices de accidentabilidad y mortalidad laboral”, afirmó.

En ese sentido, consideró fundamental avanzar en capacitación sobre conducción segura en caminos rurales y en protocolos de actuación frente a tormentas severas, incendios o situaciones críticas derivadas del clima.

Otro de los puntos que planteó fue la necesidad de discutir con mayor profundidad la criminalidad rural. Según indicó, muchos productores y trabajadores enfrentan situaciones de violencia en contextos de aislamiento y escasa capacidad de respuesta inmediata.

“El campo tiene características muy particulares: muchas veces los hechos ocurren de noche, lejos de centros urbanos y sin posibilidad de pedir ayuda rápidamente”, explicó.

Por eso, insistió en que la prevención también pasa por reducir la exposición, evitar difundir operaciones comerciales y capacitar a quienes viven o trabajan en establecimientos rurales sobre cómo actuar ante situaciones de riesgo.

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