A los 97 años hizo su última cosecha tras 85 años de trabajo en el campo: la máquina ahora será parte de la historia de la "Cuna de Cosecheros"

La máquina que durante años fue una herramienta de trabajo terminó convirtiéndose en parte de la historia de un pueblo; antes de dejarla, Toto Policastro volvió a subirse por última vez

04deSeptiembrede2026a las14:10

Después de 85 años de trabajo, Oscar “Toto” Policastro tuvo que despedirse de la máquina con la que hizo buena parte de su vida. A los 97 años, llevó la cosechadora hasta un desarmadero de Morse, acompañado por sus hijos.

Al llegar, hizo algo que conocía de memoria: explicó cómo funcionaba. Les mostró a los trabajadores para qué servía cada parte y cómo se utilizaban los distintos componentes de la máquina. Su hija, Nora Policastro, contó que lo hizo “como si la máquina iba a seguir funcionando”, aunque el destino previsto era convertirse en chatarra.

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Finalmente, la historia tuvo otro desenlace. La cosechadora será conservada y quedará exhibida en Morse, según explicó su hija, como la máquina que perteneció a un hombre que trabajó durante 85 años en la localidad.

El traslado ocurrió después de la última campaña de Toto. Un video de esa cosecha se había viralizado por mostrarlo trabajando a los 97 años, pero detrás de esas imágenes, había una historia mucho más extensa: la de un cosechero que comenzó a trabajar de chico, atravesó los principales cambios de la agricultura y fue reconocido por su trayectoria en la Fiesta del Cosechero de Morse.

Su historia

Toto comenzó a trabajar en el campo a los 12 años. Era otra agricultura: predominaban las chacras familiares, las superficies eran más chicas y las tareas requerían una mayor cantidad de personas.

“Trabajar en el campo en esa en en esa época era distinto, porque no existía la siembra directa, no existían los herbicidas que hay ahora”.

Las explotaciones también tenían otra escala. “Eran 40, 50, 100 hectáreas, las más grandes”, recuerda. Con el crecimiento de los arrendamientos y la incorporación de las estancias a la agricultura, esa estructura se modificó.

“Después se fueron agrupando cuando la empezaron a alquilar campo. Y empezaron a sembrar en las estancias, porque en las estancias, en esa época no sembraban, tenían vacas nomás. A vender vaca y a sembrar campo, se empezaron con los campos grandes, y ahí fue donde cambió todo”.

Ese cambio llevó a trabajar mayores superficies y a buscar mayor velocidad durante las campañas. "Ahora es todo una locura, cada vez alcanza menos el tiempo, la gente está más apurada, por eso por eso cada vez las máquinas son más grandes”

Toto conoció una cosecha en la que las máquinas requerían varias personas. Había un trabajador a cargo del tractor, dos que llenaban y cosían las bolsas y otro que manejaba manualmente la plataforma. “En ese entonces trabajaban 3 personas la máquina. Uno, el que manejaba, dos que llenaban las bolsas y las cosían, y el otro, la persona que subía y bajaba la plataforma, como yo te decía que era, el palanqueo.”

La evolución tecnológica redujo esa cantidad de trabajadores y modificó por completo la forma de operar. “Ahora esas cuatro personas las hace una sola". “Las máquinas se manejan con computadora, se manejan solas.”

También cambiaron las condiciones de trabajo. En sus primeros años, durante las campañas, no era habitual contar con las comodidades actuales. “Nosotros en verano dormíamos debajo de la máquina.”

"En la época de trigo principalmente, cuando no estábamos cerca del pueblo. Tampoco había los medios de movilidad que hay ahora. Eran todo coches viejos, en la época de la guerra, que no se conseguían cubiertas, no había combustible".

A pesar de todos los sacrificios, Toto asegura que no se arrepiente del trabajo que hizo toda su vida; “Me gustó hacer este trabajo, porque es un trabajo, entre todos era como de la familia.”

Morse, la Cuna de Cosecheros

La historia de Toto está ligada a la identidad productiva de Morse. La localidad del partido de Junín es conocida como la “Cuna de Cosecheros”, vinculada a las generaciones de maquinistas, cosecheros y camioneros que trabajaron en los campos de la zona.

En 1996 se realizó la primera Fiesta del Cosechero, una celebración creada para poner en valor esa identidad y el vínculo de Morse con la actividad agrícola.

Toto participó durante años de la organización. Su trayectoria también fue reconocida allí. Fue el primer galardonado del Reconocimiento al Mérito y a la Trayectoria, un premio que destaca a personas vinculadas con el trabajo cosechero.

La Fiesta del Cosechero se convirtió así en uno de los espacios donde Morse mantiene presente una actividad que forma parte de su historia.

El último recorrido

Sus hijos fueron detrás de Toto en la camioneta durante el último recorrido de la cosechadora. Nora recuerda especialmente ese momento por lo que significó acompañarlo. “Fue muy emotivo acompañarlo detrás de la cosechadora”, contó.

Para ella, verlo en ese momento también generó una pregunta sobre qué estaría pensando su padre. “Sentí mucha emoción porque, de pensar qué estaría él imaginando en su cabecita”, relató.

Según contó su hija, cuando Toto entregó la maquina, lo hizo con la misma dedicación con la que había trabajado desde que comenzó. “La entregó con la misma devoción de que cuando empezó a los 12 años”, señaló.

Incluso en ese momento, Toto continuó explicando y enseñando. “Les explicaba a los chicos del desarmadero para qué era cada cosa”, relató Nora. Y agregó que, quizás, su padre no tenía presente que el destino de la máquina podía ser la chatarra, pero mantenía intacta una convicción que lo acompañó durante toda su vida: “Siempre sintió la obligación de que todo tenía que seguir funcionando. Eso estuvo muy emotivo”.

Despidiendo el trabajo al que le dedicó la mayor parte de su vida, su hija asegura que su padre lo hizo “con mucha tranquilidad”. La decisión de dejar de trabajar, sin embargo, no fue algo que sus hijos le impusieran. “Nosotros, como hijos, nunca le propusimos: ¿qué te parece dejar?”, explicó Nora.

Durante los últimos años, Toto había comenzado a anticipar por su cuenta que aquella podía ser su última cosecha.

Sus hijos eligieron no presionarlo y esperar a que él mismo reconociera que había llegado el momento de parar. Con el paso del tiempo, sus manos habían perdido sensibilidad y ya no tenía la mism a fuerza para realizar algunas de las tareas.

Finalmente, fue el propio Toto quien encontró una razón para dejar esa tarea: “La verdad, no me conviene pagarle a alguien que haga el trabajo”, fueron sus palabras.

La máquina, finalmente, no terminará como chatarra. Según contó Nora, será conservada y expuesta en Morse, como parte de la historia de su padre y de la localidad: “Esa máquina perteneció a alguien que trabajó 85 años en Morse”.

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